São Paulo. Algunos meses antes del triunfo de Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, muchos analistas afirmaban que el candidato ultraderechista era una especie de Trump “tropical”.

Bolsonaro, quien competirá en la segunda vuelta del 28 de octubre frente a Fernando Haddad, se presentó a sí mismo como alguien que desmantelará el sistema político disfuncional y buscará reubicar a la parte de la sociedad que se encuentra extraviada por los múltiples cambios generacionales y sociales.

Trump y Bolsonaro han corrido por carriles diferentes durante muchos años; sin embargo, en el momento que decidieron dar un salto hacia la Presidencia, comenzaron a presentar similitudes en sus respectivas campañas; antes, Trump era un hombre de negocios multimillonario y Bolsonaro un congresista de bajo perfil. A continuación, presento sus actuales semejanzas:

Deslenguados

Es probable que el rasgo que dio origen a comparar a Bolsonaro con Trump sea el que ninguno de los dos mide sus palabras. Durante las elecciones estadounidenses del 2016, Trump se consideraba a sí mismo como el único que se atrevía a decir lo que los otros sólo pensaban.

Bolsonaro comparte la misma ausencia de filtro mental. Algunos de sus comentarios que lo han metido en problemas reflejan posturas ideológicas de larga data como, por ejemplo, sus repetidos elogios a la dictadura militar brasileña ocurrida entre 1964 y 1985.

Otro tipo de comentarios son aquellos en los que ambos escapan de lo “políticamente correcto”. Bolsonaro dijo en una ocasión que al haber tenido una hija después de cuatro hijos varones, fue un momento de “debilidad”. Algo similar dijo Trump cuando dibujó una fortaleza en su imagen a prueba de balas al decir que ni disparando en Manhattan perdería popularidad. “Ambos líderes disfrutan producir escándalos y detonar shocks en la opinión pública”, comentó Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Wilson Center.

Los medios como blanco de ataques

Bolsonaro y sus tres hijos mayores, que también son políticos, han criticado a los principales medios de comunicación de Brasil, acusándolos de todo: desde mentir abiertamente sobre el candidato, hasta ignorar su ascenso en las encuestas y el apoyo que le brindan otros políticos. Al igual que Trump, acusan a los medios de comunicación de apuntalar a la élite tradicional del país y de tratar de descarrilar su campaña.

Jair Bolsonaro tuiteó recientemente que, ante tal escenario, los medios “¡realmente creen que la población es ciega y estúpida!”.

Las redes, un trampolín

Para los candidatos que no confían en los medios de comunicación, las redes sociales representan la salida perfecta. Bolsonaro, como Trump, ha hecho un uso intensivo de Twitter y Facebook para hablar directamente con los votantes.

Esto cobró especial importancia después de que el candidato fuera apuñalado, el 6 de septiembre, y recluido en el hospital durante más de 20 días. La semana pasada, incluso después de haber sido dado de alta del hospital, Bolsonaro no acudió al debate televisivo más importante de la campaña, emitido por la red Globo, bajo pretexto de que los médicos no le aconsejaban hacerlo.

Sin embargo, y de manera simultánea al debate, Bolsonaro realizó sesiones de Facebook Live con aliados políticos e hizo entrevistas con canales de televisión afines a su campaña. No es necesario decir que el rating del debate no fue como se esperaba bajo el escenario en el que Bolsonaro sí asistiera.

“La idea de que usted no acuda al debate por motivos de salud, pero luego tenga tres entrevistas de 10 minutos con redes de televisión amigables es una estrategia trumpeana”, dijo Matthew Taylor, profesor asociado de política latinoamericana en la American University.

Posibilidad de fraude

Antes de que se llevara a cabo la primera vuelta, Bolsonaro levantó el espectro del fraude electoral al decir abiertamente a un canal de televisión que temía por un robo en su contra, y por tanto, sólo reconocería su triunfo. Lo decía bajo el contexto de las plazas llenas en las que se presentó.

Unos días más tarde, rechazó esos comentarios y dijo que aceptaría los resultados de las elecciones. La misma noche del domingo, al conocer su victoria, dijo en un video a través de Facebook que hubiera ganado con más de 50% de los votos si no se hubieran presentado “problemas” con las urnas electrónicas.

¿Les suena familiar? Trump trazó un camino muy similar.

“Bolsonaro esencialmente dice: ‘La equidad significa que yo gane. Cualquier otra cosa es fraude’, dijo Jason Stanley, autor del libro: Cómo funciona el fascismo: La política de nosotros y de ellos.

Otros hablan por mí

Al igual que en la campaña de Trump, en la que sus hijos Donald Trump Jr e Ivanka estuvieron muy activos durante la campaña, algunos de los familiares de Bolsonaro hicieron algo similar, en particular, promover sus ideas, negar informes de prensa críticos y hacer afirmaciones un tanto extravagantes.

Por ejemplo: el domingo, mientras los brasileños acudían a las urnas, uno de los hijos del candidato brasileño, Flavio Bolsonaro, quien se postula para ocupar un escaño en el Senado, compartió un video en Twitter en el que aparentemente se observa una máquina de votación que había sido manipulada.

En cuestión de horas, el Tribunal electoral del país anunció que se trataba de un informe falso. Sin embargo, para entonces, seguramente ya lo habían visto millones de personas en Twitter y en WhatsApp. “La técnica es usar personas que hablan por ti, pero no por ti”, dijo Taylor. “Trump o Bolsonaro siempre pueden decir: ‘Nunca he dicho ni diría eso’”.

Por lo pronto, más allá de sus similitudes, el viro de Brasil se encuadra dentro de una tendencia mundial, en la que tanto en Europa como en Estados Unidos el electorado le da la espalda al establishment y termina votando a menudo por candidatos populares de extrema derecha que ven con malos ojos a ciertas minorías y prometen restaurar los “valores tradicionales”.

El rumbo que tome Brasil tanto en lo político como en lo económico seguramente se hará sentir en las naciones vecinas. Y podría tener un impacto decisivo en relación con el colapso social y económico de Venezuela.

Veremos.