Altos del Golán. En esta colina con vista a Siria, los soldados israelíes mantienen una estrecha vigilancia en búsqueda de señales de cómo la revuelta en contra del presidente sirio, Bashar al-Assad, podría afectar la tranquilidad a lo largo de la frontera.

Desde el puesto de observación israelí, los pueblos vecinos sirios de Bir Ajam y Bariqa parecían desiertos semanas después de haber sido el escenario de enfrentamientos entre las tropas gubernamentales y los rebeldes. Algunos proyectiles perdidos y balas volaron hacia el territorio controlado por Israel durante los enfrentamientos en noviembre, lo que provocó ataques en respuesta que mataron a dos soldados sirios.

Fue el primer tiroteo a través de las líneas, luego de un acuerdo de cese de agresiones firmado tras la guerra árabe-israelí en 1973.

Funcionarios israelíes afirman que tienen dos preocupaciones principales en caso de que Al-Assad sea derrocado: que el arsenal de armas químicas de Siria caiga en manos de los militantes islamistas, como el grupo Hezbollah en el Líbano, y que un colapso de la seguridad en Siria, en particular cerca de la frontera del Golán, pueda dar lugar a ataques de militantes en contra de objetivos israelíes.

Ayer, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que las fuerzas sirias se retiraron de la zona fronteriza y fueron sustituidas por los grupos radicales islamistas.

Aunque por el momento tales militantes luchan en contra del régimen sirio, los funcionarios israelíes están preocupados de que una vez que Al-Assad sea derrocado, éstos dirijan su atención hacia Israel.