Tel Aviv. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se ha salido con la suya después de años de batallar: la Kneset (Parlamento israelí) aprobó, por 62 votos a favor y 55 en contra tras un acalorado debate, la Ley Básica del Estado-Nación Judío, un polémico texto que suscita acusaciones de “racismo” hacia la minoría árabe.

La norma declara a “la tierra de Israel como la patria histórica del pueblo judío” y a Israel como “el Estado-nación del pueblo judío”, en referencia a todos los judíos del mundo. Los árabes israelíes —palestinos que pudieron quedarse en Israel cuando se creó el Estado en 1948 y que representan 21% de la población— y el resto de comunidades no judías quedan excluidos, ya que el Estado no se define como de todos sus ciudadanos.

El artículo más controvertido, que mencionaba la posibilidad de crear localidades exclusivamente reservadas para los judíos, lo cual excluía a los ciudadanos árabes israelíes, fue objeto de una enmienda.

Los árabes israelíes son descendientes de los palestinos que se quedaron en sus tierras tras la creación de Israel en 1948. Representan 17.5% de la población del país, mayoritariamente judía, y dicen ser víctimas de discriminaciones.

El texto enmendado afirma que “el Estado considera que el desarrollo de los asentamientos judíos es de interés nacional y que el Estado tomará medidas para alentar, hacer avanzar y servir a dicho interés”.

El nuevo artículo, más impreciso, recibió fuertes críticas de la oposición. El diputado árabe Ayman Odeh enarboló durante el debate una bandera negra en la tribuna para dar testimonio de “la muerte de nuestra democracia”.

Otro diputado árabe, Yousef Jabareen, afirmó que esta ley alentaba “no sólo la discriminación sino también el racismo y perpetuará el estatuto de inferioridad de los árabes en Israel”. El Estado hebreo actúa como “un movimiento judío y colonial, que prosigue la judaización de la tierra y continúa robando los derechos de sus propietarios”.