La estación. Jorge Ríos, quien viste un chaleco antibalas negro adornado con 11 cartuchos de rifle y una cruz de plata, perdió su trabajo como lavaplatos en Tucson por conducir sin licencia.

Santos Ramos Vargas, de 43 años, es el más grande de este grupo, fue deportado de Menlo Park, California, cuando fue sorprendido portando una pistola.

Adolfo Silva Ramos podría estar con su hija de dos años en Orange County, California, en lugar de vestir una gorra camuflada y botas de combate, de no haber sido arrestado por vender mariguana y metanfetamina, mientras estudiaba la preparatoria en esa ciudad estadounidense.

Las dos docenas de hombres que estaban de guardia en un camino de terracería que corta a través de los limoneros y los campos de maíz son sólo una pequeña parte de un movimiento de milicia ciudadana que se extiende por el estado de Michoacán. A medida que contaron sus historias, surgió algo en común entre ellas: miembros de pandillas de Los Ángeles; albañiles deportados de Texas; pizcadores de manzanas expulsados del estado de Washington.

Muchos de ellos son inmigrantes en EU que regresaron, algunos voluntariamente la mayoría no , al moribundo mercado laboral michoacano y se enfrentaron a una vida dominada por el cártel de Los Caballeros Templarios. Ellos tomaron las armas por ser víctimas de las extorsiones de Los Templarios. Por tener familiares o amigos muertos o heridos por sus enemigos. Porque usar una pistola plateada y tener como botín de guerra los teléfonos celulares de diseñador usados por los narcos derrotados es más estimulante que recoger pepinos. Y porque llegan a sentir, al menos por una vez, la sensación de estar a cargo.

Todo el mundo está con nosotros, toda la gente , aseguró Edgar Orozco, un ciudadano estadounidense de 27 años, quien dejó su trabajo en un taller de carrocería en Sacramento hace nueve meses para unirse a la pelea después de que Los Caballeros Templarios mataran a su tío y a su primo.

Entre los rangos de este grupo que desafía a la autoridad del Estado mexicano se encuentran hombres que han aportado sus experiencias formativas adquiridas en EU a este levantamiento caótico.

El máximo líder del movimiento, el cirujano José Manuel Mireles, vivió durante varios años en Sacramento y trabajó para la Cruz Roja. Desde que se lesionó en un accidente aéreo a principios de este mes, la mayor parte de la dirección militar del movimiento ha caído en manos de un vendedor de autos de El Paso, Texas, llamado Luis Antonio Torres González, conocido como El Americano por haber nacido en EU.

La milicia ha logrado lo que miles de soldados mexicanos y policías federales en Michoacán no: impedir las operaciones de este poderoso cártel a gran escala.