Naciones Unidas. A sus 70 años, el secretario general de la ONU, António Guterres, gran organizador de la Asamblea de Naciones Unidas que inicia el día de hoy aspira a estar en la vanguardia del combate contra el cambio climático. Algunos piensan que esa omnipresencia le permite ocultar sus dificultades en la resolución de conflictos.

“No pretendo gobernar el mundo. Mi principal objetivo es hacer el mayor ruido posible” contra las amenazas climáticas, explica a periodistas el veterano diplomático portugués, de sonrisa discreta y cabellera gris.

En esa campaña, fue en mayo al Pacífico a ver las islas amenazadas de ser engullidas por el alza de los océanos y más recientemente a Bahamas para observar los daños causados por el huracán Dorian, una devastación que afirmó no haber visto nunca antes.

En su opinión, la movilización de los dirigentes mundiales, las corporaciones y la sociedad civil se ha vuelto primordial. A menudo habla de sus nietos y de su voluntad de no dejarles un mundo destruido por la mano humana.

Durante los próximos días, deambulará entre 91 jefes de Estado, seis vicepresidentes, 45 jefes de Gobierno y decenas de ministros, durante la Asamblea General de la ONU, “la semana de la moda diplomática” o la “speed dating de la diplomacia”, como la llaman en los pasillos de la sede de la organización en Nueva York.

“El hecho que el secretario general impulse tan fuertemente la agenda climática representa una evolución en la concepción de su rol”, explica Richard Gowan, experto del centro de análisis International Crisis Group.

Un reloj de locura

En el día a día, Antonio Guterres, cuyo reloj extrañamente está adelantado tres cuartos de hora —un elemento perturbador para sus interlocutores—, hace malabares con las diferencias horarias y jura que no duerme realmente en los aviones.

“No estoy seguro que sea el peor trabajo del mundo”, asegura.

Su don de gente es objeto de la mayoría de los embajadores. A pesar de los obstáculos colocados por Trump, hasta ahora ha limitado los recortes presupuestarios pedidos por Washington.