Nueva York. Ahora, todas esas tribus realmente tienen algo por qué pelear. En caso que no se haya enterado de la explosiva noticia, el empobrecido Afganistán aumentó de la noche a la mañana su valor potencial 83 veces.

Los expertos mineros afganos pueden ver el descubrimiento de nuevos depósitos minerales como la espina dorsal de su economía, como alguno la llamó. Pero Afganistán ya se pelea por recursos como las plantas de amapola.

El nuevo tesoro puede escalar el difícil conflicto a una conflagración global que involucre a todas las potencias relevantes. No es difícil imaginar a tribus afganas como el talibán, las petroleras estadounidenses, al presidente Vladimir Putin de Rusia y a los chinos cargados de efectivo, todos inmiscuyéndose.

La historia de la riqueza de recursos en la era de la posguerra augura la posibilidad de un desenlace poco feliz, pero los mismos estudios definen tanto un principio como un ejemplo de país que ofrece esperanzas para Afganistán. El principio es derecho de propiedad y el país es Botswana.

Pero primero, el triste historial. En caso tras caso, la presencia de recursos naturales en un país no es una bendición, sino una maldición que propicia inestabilidad política y, paradójicamente, retrasa el crecimiento económico.

Los ingresos petroleros le dieron a Putin el poder que necesitaba para llevar a Rusia la mitad del retorno al stalinismo. Los campos de Zimbabwe, el platino, oro, carbón y algodón le permitieron a Robert Mugabe tiranizar a esa nación por décadas.

En Nigeria, el impacto de 1.6 millones de millones en ingresos petroleros ha sido alta contaminación, pobreza y el temible MEND, el grupo guerrillero de capuchas negras que patrulla la desembocadura del río Níger secuestrando y saboteando.

Algunos países se han librado de la maldición de los recursos. Para que ello ocurra, se requiere que antes del descubrimiento de los recursos ya esté en vigor el imperio de la ley en general y los derechos de propiedad en particular.

La causa de la estabilidad sostenida de un país parecen ser los derechos de propiedad. Importa menos quién es el propietario de los recursos naturales descubiertos, ya sea el gobierno, una empresa privada o cualquier combinación, que el hecho de que los derechos sean claros y respetados.

Ayuda también que los ciudadanos confíen en que con el tiempo su gobierno compartirá la riqueza.

El ejemplo que más se parece a Afganistán es Botswana, que también tenía tribus y estaba frágil cuando se hizo dependiente de los diamantes. Con el tiempo, Botswana se resistió y mejor optó por integrar Debswana, un pacto de reparto de utilidades con la empresa de diamantes De Beers.

Al mismo tiempo, el gobierno se comprometió a combatir la corrupción y hacer que se cumpliera la ley de derechos. Tanto la gente como los accionistas de la empresa se beneficiaron.

La Alianza de Derechos de Propiedad, clasifica a Botswana en el sitio 44 global en derechos de propiedad, mientras Nigeria ocupa el 109 y Zimbabwe el 121.