Beirut. Los crecientes indicios de que una comunidad internacional profundamente dividida es incapaz o está poco dispuesta a intervenir para detener la violencia en Siria alimentan a una rebelión armada que amenaza con sumir al país, y tal vez a toda la región, en una guerra más grande.

El movimiento hacia un conflicto general parecía acelerarse el miércoles luego de que la oposición denunciara que las fuerzas del gobierno sirio se vieron obligadas a aceptar un alto al fuego negociado con los soldados rebeldes en la ciudad de Zabadani, cerca de la frontera con Líbano.

Los soldados rebeldes que se identificaron como miembros del Ejército Libre de Siria y un activista en Zabadani afirmaron que los soldados del régimen se retiraron la tarde del miércoles, cinco días después de haber lanzado una ofensiva para sofocar a la disidencia en Zabadani. La ciudad entre las montañas, 20 kilómetros al norte de Damasco, es uno de los cerca de 36 lugares en Siria que la oposición afirma están fuera de la influencia y control gubernamental.

Testigos indicaron que las tropas del gobierno parecían estar dirigiéndose hacia otro de los pueblos rebeldes fuera de la capital. Ofensivas de Damasco han ido y venido durante los 10 meses que ha durado el levantamiento y los rebeldes reconocieron que las fuerzas de seguridad sólo podrían estar reagrupándose antes de volver con refuerzos.

Los activistas de la oposición, sin embargo, celebraron el evento como un simbólico cambio en la marea que anuncia la posibilidad de que la revuelta armada puede obligar al gobierno del presidente Bashar al-Assad a hacer concesiones.

Esto demuestra que podemos alcanzar la libertad por nosotros mismos y no con la ayuda de las fuerzas que vienen de fuera. Esto significa que si tomamos las armas, nos podemos defender y llevar nuestra propia libertad , dijo Kamal Labwani, un disidente que fue liberado en noviembre después de cumplir casi 10 años de prisión.

La evidencia ha mostrado desde hace meses que la una vez pacífica oposición siria ha recurrido a las armas y la decreciente esperanza de ayuda externa ha endurecido la convicción de que sólo la violencia logrará desalojar a Assad, afirman los activistas.

Hasta ahora no hay guerra civil, pero si la comunidad internacional sigue así, simplemente observando y sin hacer nada, definitivamente la habrá, expuso Omar Shakir, un activista en Homs, el epicentro de la rebelión armada.

Una misión de la Liga Árabe de vigilancia ha sido incapaz de detener la matanza; los líderes políticos de la oposición siria están en su mayoría exiliados, además de haberse mostrado estar divididos como para presentar una alternativa coherente para el gobierno de Assad, y el creciente número de muertos en ambas partes muestra la escalada del derramamiento de sangre por el conflicto.