Montgomery. Olusegun Olatunji pagó una multa de 40,700 dólares, estuvo tres meses en un hogar de transición y pasó un año en libertad vigilada por vender sombreros falsos en un centro comercial de Indianapolis. Este nigeriano que lleva 30 años en el país sin permiso de residencia porque se quedó al vencer su visa fue finalmente apresado y lleva más de tres años peleando para no ser deportado.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) arrestó a más de 100,000 inmigrantes en el año fiscal del 2017 y los retuvo un promedio de 34 días antes de liberarlos o deportarlos, según archivos del gobierno. La duración promedio de las detenciones subió respecto al 2016, en el que fue de 22 días.

Algunos extranjeros, no obstante, permanecen meses o años presos a la espera de que se resuelvan sus apelaciones o agotando las medidas para no ser deportados. Ese tiempo podría aumentar debido a las políticas de línea dura del presidente Trump hacia la inmigración ilegal y un reciente fallo de la Corte Suprema.

Defensores de la causa de los inmigrantes dicen que los presos tienen los mismos derechos que cualquier sospechoso de haber cometido un delito que espera ser juzgado, pero los tribunales estadounidenses generalmente rechazan esa postura.

En febrero, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló el fallo de un tribunal inferior que concedía a los inmigrantes arrestados el derecho a pedir la libertad bajo fianza después de haber estado seis meses presos.

Hay casi 700,000 casos pendientes de resolución en los tribunales de inmigración, herencia en parte del gobierno de Barack Obama que se enfocaba más que nada en los inmigrantes sin papeles que habían cometido delitos.