El presidente yemení Alí Abdalá Saleh, y su primer ministro, Alí Mohamed Mujawar, resultaron heridos por disparos contra el palacio presidencial en Saná, mientras las tropas leales bombardeaban la residencia de un dignatario tribal hostil al gobierno.

Después de un breve momento de calma en la madrugada, la capital yemení fue escenario de los más violentos enfrentamientos desde la crisis provocada por el rechazo de Saleh a firmar el acuerdo de transición política propuesto por las monarquías del Golfo.

Al menos tres guardias de la mezquita presidencial murieron y el imán resultó herido por los obuses que cayeron durante la oración semanal del viernes, según un comunicado oficial.

"Levemente alcanzado detrás de la cabeza" durante el ataque, el presidente Saleh "está bien" y ofrecerá una conferencia de prensa en "las próximas horas", anunciaron el gobierno y la televisión estatal.

El presidente del Parlamento así como "varias personalidades políticas" también resultaron heridos, declaró a la AFP el portavoz del Congreso popular general (CPG, partido presidencial), Tarek Chami, quien precisó que la mezquita había sido alcanzada por dos obuses.

El portavoz acusó al poderoso jefe de la tribu de los Hached, jeque Sadek al-Ahmar, en guerra contra las fuerzas gubernamentales, de ser responsable de los disparos.

"Los al-Ahmar han superado todos los límites" y ahora "están en una situación difícil", dijo.

Las hostilidades comenzaron el viernes en la mañana con duelos de artillería alrededor de la residencia del jeque Sadek al-Ahmar, en Al Hassaba, barrio del norte de la capital bombardeado por cuarta noche consecutiva.

La Guardia republicana, cuerpo de élite del ejército yemení, apuntó con armas pesadas y misiles contra la residencia del hermano del jefe al-Ahmar, al sur de Saná, según los testigos.

Los combatientes del poderoso jefe tribal están en guerra abierta contra el régimen de Saleh, en el poder desde hace 33 años y quien decidió a fines de mayo responder con la fuerza a los manifestantes que desde enero reclaman su partida.

A pesar de la represión -63 muertos en el país entre el miércoles y el jueves - cientos de manifestantes hostiles a Alí Abdalá Saleh afluyeron en la mañana hacia la Plaza del Cambio.

Estaban protegidos por los blindados de la 1 división al mando del general Ali Mohsen Al-Ahmar, que en marzo se unió a la contestación, según los participantes en la sentada.

Las fuerzas del general Ahmar -sin vínculo de parentesco directo con el jefe tribal- se han mantenido hasta ahora al margen de la batalla entre las fuerzas gubernamentales y los combatientes tribales.

Los manifestantes se congregaron para una jornada de "fidelidad a Tae", ciudad a 270 km al sur de la capital y donde la sentada permanente fue dispersada el lunes por las fuerzas de seguridad que dejaron unos cincuenta muertos.

El viernes, la policía disparó una vez más, esta vez al aire en esta ciudad, para impedir a decenas de jóvenes dirigirse a la plaza de la Libertad para la oración, según un periodista de la AFP.

En el plano diplomático, el secretario general del Consejo de cooperación del Golfo, Abdellatif Zayani, cuya mediación en Yemen fue suspendida el 23 de mayo después que Saleh rechazó firmar el acuerdo de transición del poder, aseguró que continuaba sus esfuerzos para "un arreglo pacífico".

Pero Saleh sigue dando signos contradictorios sobre sus reales intenciones.

El jueves, su gobierno evocó vagamente la posibilidad de hacer culminar la mediación del CCG, mientras la presidencia senegalesa afirmó que Saleh había solicitado su intervención ante Francia y Estados Unidos en favor de un cese del fuego seguido de elecciones a las que él no se presentaría.

Según la Casa Blanca, el consejro antiterrorista de Barack Obama, John Brennan, de visita en el Golfo, actuará para aumentar la presión sobre Saleh para que ceda el poder.

DOCH