El Ejército irlandés detonó el martes un artefacto explosivo casero encontrado en un autobús en las afueras de Dublín, poco antes de la histórica visita de la reina británica Isabel II en medio de la mayor operación de seguridad en la república.

La visita, la primera de un monarca británico desde la independencia de la república irlandesa de Londres en 1921, pretende subrayar cómo la calidez de las relaciones entre los vecinos ha sustituido a siglos de enemistad.

Pero el descubrimiento de la bomba en un autobús que se dirigía a Dublín y una advertencia codificada emitida el lunes sobre un posible atentado en Londres fueron oscuros recordatorios de que una pequeña minoría sigue oponiéndose con violencia al mandato británico en Irlanda del Norte.

El artefacto explosivo fue encontrado en la localidad de Maynooth, a unos 25 kilómetros de Dublín, detonado por artificieros militares y sus restos fueron entregados a la policía para sus investigaciones, informó el Ejército.

La policía dijo posteriormente que los artificieros del Ejército estaban investigando otro paquete sospechoso encontrado en una estación de tranvía de Dublín.

La paz en Irlanda del Norte tras décadas de violencia ha facilitado la visita real, que durará cuatro días, aunque habrá constantes recordatorios de un violento pasado durante su visita.

La llegada de Isabel II coincide con el 37 aniversario de los atentados en Dublín y Monaghan, el peor día en 30 años de enfrentamiento entre católicos y protestantes por Irlanda del Norte, que aún está afectado por la polémica.

Familiares de las víctimas depositarán un ramo de flores en uno de los lugares de los atentados en la capital irlandesa poco antes de que lo hagan la reina y su marido, el duque de Edimburgo.

La visita tratará de enfatizar la reconciliación y los fuertes lazos tejidos por generaciones de emigración irlandesa que ya existían entre ambos países incluso antes de los Acuerdos de paz del Viernes Santo de 1998.

Alrededor de uno de cada 10 británicos tiene un abuelo irlandés, lo que les permite optar a la ciudadanía.

Los irlandeses siguen con pasión la Premier League y las telenovelas británicas de televisión. Además, sus 4,5 millones de habitantes son el principal mercado de ropa, alimentos y bebidas para Reino Unido.

La reina, sin embargo, no tendrá muchas posibilidades de conocer a irlandeses de a pie. No habrá ningún paseo público y los transeúntes podrán tener únicamente acceso a algunos vistazos de la caravana real, en la que habrá un Land Rover blindado cuando cruce la ciudad, rodeada por seguridad.

La amenaza de los grupos radicales nacionalistas católicos opuestos al proceso de paz norirlandés justifica este enfoque de lejanía con el público, que evita al mismo tiempo una potencial y embarazosa falta de grandes multitudes alborozadas.

La mayoría de los irlandeses están impresionados por la amplitud y la extensión de la visita y esperan que muestre a su país, afectado por la crisis bancaria, de un modo más positivo.

Unos 8.000 policías y 2.000 soldados participan en el enorme despliegue de seguridad, en el que habrá aviones patrullando el cielo. Varios disidentes sospechosos ya fueron detenidos para ser interrogados.

DOCH