La afirmación de Donald Trump de que Rusia no va a entrar en Ucrania nos recordó que se ha reportado muy poco en los últimos meses sobre el estado del conflicto en las provincias orientales de Donetsk y Lugansk, que fueron invadidas por primera vez por las fuerzas rusas a principios del 2014. Eso es lamentable, ya que mientras la atención de occidente se ha ocupado de otras cosas este verano, Rusia y sus aliados han aumentado de manera constante los combates.

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Según las Naciones Unidas, 20 civiles murieron y 122 resultaron heridos entre junio y julio, más del doble de la cifra promedio mensual que en los nueve meses anteriores. El ejército de Ucrania, por su parte, informó de al menos 13 soldados muertos en julio. La mayoría de las muertes se produjeron en los bombardeos con ataques de armas pesadas, incluyendo artillería y cohetes Grad, prohibidos por los dos acuerdos de paz que Rusia y Ucrania firmaron. Aparte de breves periodos, los rusos nunca ha n seguido plenamente el alto el fuego, según observadores internacionales.

Mientras tanto, los suministros militares siguen llegando a través de la frontera oriental de Ucrania, la cual es controlada exclusivamente por Rusia. De acuerdo con funcionarios de Ucrania, al menos 19 trenes que transportaban equipo militar cruzaron la frontera en julio. El 2 de agosto, las autoridades informaron que 30 tanques, 11 vehículos blindados y seis sistemas de cohetes Grad habían sido enviados durante la semana anterior. Esto, a pesar de los repetidos compromisos rusos para echar todas esas armas detrás del frente y colocarlos bajo vigilancia.

No está claro cuánto personal ruso está operando dentro de Ucrania; en el pasado, las estimaciones de la OTAN y otros observadores externos han ido desde varios miles a 10,000. El analista, Paul Goble, de la Fundación Jamestown informó en un blog que curadores enviados por el régimen de Vladimir Putin están asociados a las unidades militares, organizaciones políticas, periódicos y emisoras de radio, así como a otras instituciones . Transmiten órdenes de Moscú y el control de todo el gobierno, así como las operaciones militares.

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La inteligencia militar de Ucrania ha identificado y nombrado públicamente a decenas de oficiales rusos en la región. Uno que fue capturado el 11 de julio, el comandante de pelotón Alexey Sedikov, dijo en un video que los rusos mantienen muchas posiciones clave, como al comandante de batallón y al subjefe de personal. No es sorprendente que la intervención rusa en Ucrania se asemeja a su operación en Siria en varios aspectos clave. Putin ha empleado subterfugios, engaños y mentiras para enturbiar las operaciones y sus objetivos.

En las negociaciones y conferencias con diplomáticos occidentales, sus ayudantes se han puesto de acuerdo en repetidas ocasiones sobre los planes para poner fin a los combates, mientras que en el campo fuerzas rusas han seguido con ataques y bombardeos.

La reacción de la administración del presidente Obama acerca de todo esto se ha convertido en algo dolorosamente familiar. El secretario de Estado, John Kerry, negocia los planes para el cese al fuego; cuando Rusia los rompe, expresa la indignación; a continuación, vuelve a Moscú para hacer otro trato.

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El presidente Obama sigue insistiendo en que la manera de poner fin a los conflictos es trabajar con Rusia. La posibilidad de que Putin no tenga interés y no haya intención de cooperar seriamente con EU, ya sea en Ucrania o Siria, es algo que Obama encuentra evidentemente como un inconveniente a tomar en cuenta. Lamentablemente, Trump no es el único que niega lo obvio.

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