Desde el 30 de abril Nicolás Maduro siente que los días en el Palacio de Miraflores son cada vez más  fríos independientemente de la temperatura exterior.

La soledad es un acto reflejo de la traición. Maduro nunca se imaginó que el director de los sevicios de inteligencia, Cristopher Figuera, se aliara con la oposición para intentar desalojarlo de la Presidencia.

Fuentes de la oposición comentan a El Economista que Maduro recibió dos golpes “inesperados” durante los últimos 10 días: la muerte del coronel Rafael Acosta Arévalo como consecuencia de durísimas sesiones de tortura y la revelación del informe que elaboró Michelle Bachelet sobre la violación a los derechos humanos durante su régimen.

Maduro se puso en contacto con Héctor Rodríguez, gobernador del estado Miranda, pocas horas después de la muerte de Acosta Arévalo en un tribunal. Urgente. La presión asfixia al dictador.

Rodríguez se comunicó con Juan Guaidó para organizar una reunión en Barbados. Hay una oferta: elecciones en menos de nueve meses sin la presencia de Nicolás Maduro.

Guaidó acepta pero comete el error de no revelar absolutamente nada a los medios de comunicación. No dé pistas de lo ocurrido en Oslo. Tampoco desea acabar con la incertidumbre que detona el aviso de nuevas sesiones de negociación en Barbados. “Son urgentes, no daban tiempo de volar a Oslo”, comenta una fuente  enterada de las negociaciones.

Políticos cercanos a Guaidó desean que el líder de la oposición matice sobre Barbados. Los venezolanos han dejado de creer en las negociaciones con el régimen. Desconfían de Maduro y temen que contagie a Guaidó.

Los venezolanos saben que las matemáticas entre la oposición se reducen a la división. Restan y pocas veces suman. Siempre dividen.

¿Quién es Héctor Rodríguez?

Nicolás Maduro ve al gobernador de Miranda como su sucesor. Lo envió a Oslo como principal negociador. Afable, Héctor Rodríguez rompe con el perfil de personajes como Jorge Rodríguez, un hombre que se ha mantenido en las cañerías del poder desde la época de Hugo Chávez.

No le gusta que hablen de él, ni bien ni mal, es “hermético”, pero esa delicada piel contrasta con la fortaleza y habilidad para convertirse en figura de la renovación roja. Su carrera en la política ha sido meteórica y acelerada. En una década pasó de ser “líder estudiantil” a mandar en uno de los estados más importantes del país, justo, el que gobernó Henrique Capriles.

Cambio en el Consejo Nacional Electoral de Venezuela

Entre las peticiones que la oposición ha llevado a Barbados está el cambio del personal del órgano electoral. Simplemente no confían en su presidenta, Tibisay Lucena.

En lo que parece no aceptar el régimen de Nicolás Maduro es la participación de Leopoldo López en el proceso electoral. No quiere que las raíces políticas del principal líder político venezolano lleguen hasta el Palacio de Miraflores.

Maduro se ha quedado solo. Lo sabe. Su imagen se devalúa más rápido que la economía, que durante el primer semestre fue de 1,155 por ciento.