Washington.- Digamos que tiene usted tres opciones para precisar cómo le irá a la economía en este segundo semestre y principios del 2011. Son:

A) Caer nuevamente en recesión.

B) La incipiente recuperación se desacelera.

C) Registra una recuperación sostenida.

Si usted opta por ignorar el alud de datos económicos de la semana pasada, entonces adelante, seleccione la opción C. Pero si ha prestado atención y tratado de digerir los datos sobre vivienda, desempleo, comportamiento del consumidor, actividad bursátil, y problemas en el extranjero, tendría que inclinarse por la opción B. Sin embargo, un creciente número de gente está empezando a visualizar la opción A.

Repasemos lo que hemos aprendido en la última semana sobre la economía estadounidense y la global, para tratar de precisar en dónde estamos ahora que ya transcurrió la primera mitad del año, y celebramos nuestra independencia de un país que tiene sus propios problemas deficitarios pero que al menos tuvo el sentido común de rechazar el euro.

El viernes nos enteramos que la tasa de desocupados en junio cayó de 9.7 a 9.5%, pero no nos fijemos mucho en eso. También, que en junio se perdieron 125,000 empleos, pero tampoco nos concentremos mucho en eso, ya que 225,000 empleos temporales del Censo se perdieron el mes pasado. Hasta que el Censo decenal concluya en el otoño, la contratación y despido de empleados temporales será la mayor influencia sobre el panorama laboral, como si fuera un gran acordeón de trabajo. La cifra que realmente importa es 83,000, los puestos creados por el sector privado, no por el gobierno. Cierto, la cifra creció contra mayo, pero estuvo muy por debajo de las expectativas de los analistas, y por debajo del mínimo de 125,000 necesarios tan sólo para mantener el paso del crecimiento de la población. La Gran Recesión pudo haber terminado hace un año, pero los patrones privados, preocupados por el futuro inmediato, siguen negándose a contratar.

El jueves llegó otra sorpresa. La venta de casas existentes en mayo cayó 30% de abril, el doble de lo anticipado. ¿La razón? El crédito fiscal de 6,500 a 8,000 dólares del gobierno expiró el 30 de abril. La señal es clara: la débil recuperación en vivienda del último año estuvo soportada por dádivas del gobierno, no por demanda del mercado.

El miércoles, las bolsas cerraron su peor trimestre en más de un año. El Dow perdió más de 10% en el trimestre, y tanto el indicador más amplio que es el S&P500 y el tecnológico Nasdaq retrocedieron un insólito 12 por ciento. Hacia el fin de semana, las cosas empeoraron. Ya quedó claro que el rally bursátil que empezó con el piso de marzo del 2009 concluyó el pasado abril, al abandonar los inversionistas la renta variable por la seguridad de los bonos del Tesoro y otros instrumentos.

El martes nos enteramos que la confianza del consumidor se desplomó 20% en mayo contra abril, lo cual no es sorprendente si tomamos en cuenta la turbulencia bursátil y la elevada tasa de desempleo.

El lunes, los consumidores telegrafiaron su falta de confianza, según las cifras de gasto en consumo anunciadas por el gobierno. Dicho gasto está avanzando a la mitad de lo registrado en los meses posteriores a la recesión de los años 80, la segunda peor de los tiempos modernos.

¿Qué nos dice todo esto?

Cuando le pregunté a Peter Boockvar, estratega de Miller Tabak, si habría doble recesión o simple desaceleración, me contestó que todo depende de quién gane las elecciones intermedias de noviembre, y qué impuestos se aumenten en el 2011. Llevamos más de un año de una recuperación tambaleante, furtiva, y delgada como el papel. Los datos de la semana pasada comprueban lo que ya sospechábamos: que la recuperación ha estado basada en dinero del gobierno, y tarde o temprano eso se acaba.