Sanaa, Yemen. LUEGO DE la bien ejecutada fuga de más de 60 militantes islámicos a través de un túnel de una prisión yemení, quedó evidenciada la inestabilidad del país, el cual se ha convertido en sede del más poderoso aliado regional de Al-Qaeda.

La fuga masiva, ocurrida en el puerto oriental de Al Mukalla, estuvo perfectamente coordinada desde el exterior, ya que un grupo de militantes llevó a cabo un simulacro de ataque que funcionó para distraer a los guardias.

Se trata de una táctica que le ha funcionado bien a la organización ya ampliamente conocida como AQAP -siglas de Al-Qaeda en la Península Arábiga-, pues la utilizó el verano pasado para liberar a varios prisioneros en la ciudad sureña de Adén.

Entre los liberados se encontraban integrantes de una célula de Al-Qaeda que asesinó a turistas extranjeros, además de atacar la Embajada de Estados Unidos en Yemen y otros objetivos occidentales, según funcionarios yemeníes.

AQAP se acreditó el intento de sabotaje de un avión con destino a Detroit el día de Navidad en el 2009 y el envío de paquetes-bomba en aviones cargueros con destinos en Estados Unidos.

Funcionarios del gobierno yemení no han dado a conocer la lista de los fugados, pero un alto mando declaró a The Washington Post que 57 de los 62 hombres habían sido sentenciados por terrorismo y algunos enfrentaban la pena de muerte.

La prisión de Al Mukalla, a 500 kilómetros al este de Adén, albergaba a 100 prisioneros relacionados con Al-Qaeda o que habían sido encarcelados a su regreso de Irak, donde se habían unido a la insurgencia contra los aliados encabezados por Estados Unidos, según funcionarios yemeníes.