Montreal. Wilson Reynoso Vega quería ver a su hija. Él vivió en la República Dominicana. La niña de 11 años vivía en Filadelfia con su madre.

Wilson hablaba con ella a menudo a través de chats. A veces mezclaba fotos de su hija con las suyas que publicaba en Facebook.

El mes pasado, Reynoso voló de Santo Domingo a Toronto. Después lo hizo a Quebec, y una vez en la frontera le pagó a un contrabandista para que lo ayudara a ingresar a Estados Unidos.

Nunca pudo hacerlo. Las autoridades creen que se desorientó al caminar por un bosque frío, oscuro y pantanoso del lado canadiense, y se ahogó.

Su muerte, ocurrida el 16 de abril, se produce cuando Canadá solicita ayuda de Estados Unidos para fortalecer la frontera contra un flujo creciente de solicitantes de asilo hacia el norte.

El gobierno del primer ministro Justin Trudeau quiere cerrar los puntos de entrada que carezcan de vigilancia.

Los críticos son escépticos de tal media.

La muerte de Reynoso “sirve como un recordatorio del peligro al que se enfrentan las personas cuando intentan cruzar la frontera de manera irregular”, informó el departamento federal de inmigración de Canadá a través de un comunicado.

El portavoz de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, Michael McCarthy, advirtió contra una “falsa percepción de que cruzar la frontera norte es más seguro que cruzar la frontera sur”.