Entusiastas opositores al primer ministro, Vladimir Putin, formaron ayer una cadena humana casi continua que se extendió cerca de 16 kilómetros al rededor del centro de Moscú, mientras animaban y saludaban a los autos que les mostraron su apoyo.

Apenas una semana antes de que se efectúen las elecciones presidenciales, en las que Putin tiene asegurada la victoria, el estado de ánimo en las personas que se presentaron para participar en la última de una serie de protestas en su contra era implacablemente optimista. La gente agitó pañuelos blancos, desenrolló toallas de papel blancas y portó rosas blancas y globos blancos como símbolo de su deseo de elecciones limpias y un gobierno limpio.

La policía anunció que 11,000 personas participaron, aunque un cálculo aproximado sugirió que el número puede haber sido el doble o incluso un poco más, sin contar a los ocupantes de los muchos autos que tocaron el claxon en solidaridad.

Después que terminara la manifestación, el líder del Frente Izquierdista, Sergei Udaltsov, se dirigió a la Plaza de la Revolución en el centro de la ciudad para dirigir una manifestación. Udaltsov fue encarcelado varias veces el año pasado y más recientemente por su participación en las protestas tras las elecciones parlamentarias de diciembre. Esta vez, su grupo de varios centenares de partidarios se encontró con un gran contingente de la policía antidisturbios, así como con cosacos con látigos y hombres jóvenes vestidos de civil y con el ceño fruncido quienes, según expusieron los manifestantes, eran provocadores.