Washington. La asociación Nacional del Rifle (NRA, por su sigla en inglés) trata de resistir las presiones que se dirigen hacia ella cada vez que ocurre una masacre. Lo ocurrido el pasado fin de semana no es la excepción.

La NRA, que siempre se ha manifestado en contra de las iniciativas de congresistas que intentan regular el uso de armas, ha perdido a dirigentes veteranos clave durante los últimos meses, incluido el cabildero Christopher Cox, quien estuvo muy activo en la Casa Blanca hasta el año pasado.

Tres miembros de la junta directiva de la NRA renunciaron la semana pasada, diciendo que fueron marginados después de haber exigido auditorías de gastos de la organización.

Los disidentes han pedido la renuncia del presidente ejecutivo de la NRA, Wayne LaPierre.

“Todos los defensores de los derechos de portar armas están preocupados por lo que está sucediendo en la NRA”, comentó Tom Gresham, miembro activo de la NRA y conductor del programa de radio Gun Talk.

Los funcionarios de la NRA no respondieron a las solicitudes del diario The Washington Post para entrevistar a LaPierre.

Marion Hammer, miembro  de la junta directiva conformada por 76 personas, dijo que el grupo no se distraería de su misión principal.

“No tengo una bola de cristal y nunca hago predicciones, pero lo único que puedo decir con certeza es que la NRA luchará para proteger la Segunda Enmienda, como siempre lo hacemos.

“Proteger la Segunda Enmienda es lo primero, y siempre lo será”, dijo Hammer.

Candidatos demócratas a la Presidencia, como Joe Biden, han reiterado desde el domingo regular el uso de armas: “¡Hagan algo!”, comentaron.