Berlín. Cierta ansiedad embarga a líderes de los países históricamente aliados de Estados Unidos en Europa.

No están seguros de cuál es la persona adecuada para hablar en Washington. Permanecen en un estado de confusión porque no pueden decir si Trump los considera amigos o enemigos. Revisan Twitter para encontrar alguna pista sobre la posible intención de Trump de destruir a la Unión Europea y la OTAN o simplemente trata de obstaculizar a las principales instituciones del continente.

Algunos líderes europeos dicen que Trump, de manera voluntaria o incluso a través de su indiferencia, ya ha debilitado gravemente los cimientos de la relación transatlántica que los presidentes estadounidenses han solidificado durante siete décadas. Como dijo Sigmar Gabriel, exministro de Relaciones Exteriores alemán: “Ha hecho un daño que los soviéticos habrían soñado”.

También temen que Trump se reelija y dan por descontado que los próximos dos años serán difíciles porque ya se siente envalentonado.

“No podemos vivir con Trump”, dijo Gabriel. “Y no podemos vivir sin los Estados Unidos”.

Angela Merkel, Theresa May y Emmanuel Macron han intentado diferentes estrategias de acercamiento con Trump; sin embargo, en el mejor de los casos se han topado con su indiferencia y, en ocasiones, con groserías.

En alguna ocasión, Merkel expresó su sentir en una cervecería de Munich al decir que Europa debe “tomar nuestro destino en nuestras propias manos”.

Eso fue hace dos años, ahora, Europa sólo ha dado pasos cautelosos en esa dirección. Un ejemplo es la propuesta para crear un ejército europeo. A pesar de los modestos aumentos en el gasto de defensa europea, los Estados Unidos continúan representando más de dos tercios del gasto militar entre los miembros de la OTAN.

“Nos las tenemos que arreglar solos”, dijo un político europeo de alto nivel, quien, como otros funcionarios, habló bajo condición de anonimato para discutir libremente sobre la relación delicada. “Gobernar a través tuits no es lo mismo que acordar compromisos diplomáticos”.

Trump, en campaña permanente

Sigmar Gabriel revela que “al principio, pensábamos que él (Trump) actuaba como si estuviera en una campaña y que cambiará con el paso del tiempo. Pero como presidente prácticamente no ha cambiado”. Sobre la relación con Europa, “me parece sorprendente que, en tan poco tiempo, haya logrado romper una relación que ha tardado décadas en construirse”.

Entre los principales desacuerdos sobresalen: el acuerdo nuclear de Irán, aranceles, el acuerdo global sobre el clima, una posible carrera armamentista por la cancelación de un acuerdo clave y el retiro unilateral estadounidense de Siria.

“Ha abierto una puerta de retorno a los instintos nacionalistas y soberanistas que, al menos en Europa continental y en particular en la Unión Europea, han sido la antítesis de su razón de ser”, dijo Robin Niblett, director del think tank londinense Chatham House. “La UE es la antítesis de la visión trumpiana del mundo”.

“No entiende lo que es una alianza”, dijo François Heisbourg, miembro principal del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en París. “Una alianza es un espectro siempre amplio. Las alianzas incondicionales son completamente ajenas a las visiones que tienen los mandatarios en turno sobre el mundo”.

“En varios temas, hemos tratado de convencerlo de que Europa es un socio clave de Estados Unidos”, revela un alto funcionario francés. “Él pensará: ‘No te necesito’ y ‘Europa es peor que China’”.

La gran diferencia con los desencuentros pasados, dicen los europeos, es que Trump parece estar activamente hostil hacia unidad continental sólo comparable con la actitud típica de la Rusia de Vladimir Putin. Muestra de ello es que Trump ha alentado la salida de Gran Bretaña de la UE y le ha cuestionado a Macron la razón por la que Francia no hace lo mismo.

“No estamos acostumbrados a sentir amenazas contra el proyecto europeo proveniente de Estados Unidos”, expresó Niels Annen, viceministro de Relaciones Exteriores de Alemania.

“En el momento en que los estadounidenses intenten fracturar Europa, se fracturará”, expuso Thomas Kleine-Brockhoff, director del German Marshall Fund en Berlín. “Ésta fue una construcción débil basada en la seguridad estadounidense”.

Entre los líderes europeos existe una reflexión sobre la sorpresiva victoria de Trump en las elecciones del 2016: se trata de un recordatorio de que los electorados son inestables y que sus decisiones representan riesgos de inestabilidad.

Hay quienes piensan que los propios europeos caricaturizan al presidente. Uno de los que así piensa es un funcionario británico que tiene contacto permanente con Washington. “Eso subestima a la propia relación”.

Las tres M

¿Cómo te relacionas entonces con el presidente? Ésa es la pregunta que han compartido Merkel, Macron y May. Cada uno ha elegido un camino distinto para relacionarse con Trump, pero ninguno ha resultado especialmente fructífero.

Merkel ha sido blanco en varias ocasiones de la ira de Trump: su decisión de abrir las fronteras a 1 millón de refugiados sirios, eritreos y afganos en el 2015 describe con precisión lo que no quiere Trump para su país. “Lo que Merkel le hizo a Alemania es una vergüenza, una pena”, dijo Trump durante su campaña electoral.

En la mañana posterior al triunfo electoral de Trump, Merkel emitió una declaración no de bienvenida sino de advertencia, afirmando que trabajaría con el nuevo presidente sólo sobre la base de los “valores comunes: democracia, libertad, así como el respeto por el gobierno de China (…) la ley y la dignidad de cada persona”.

Almut Möller, codirector de la oficina de Berlín del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, dice que Merkel “quería comprometerse con un socio racional”.

Pero en la cumbre del G20 de julio del 2017 en Hamburgo, Merkel intentó y no pudo mantener a los Estados Unidos en el acuerdo climático de París y descubrió en el proceso que el desdén de Trump por la ciencia no era un acto de campaña.

En noviembre, Trump voló a París para asistir a la ceremonia del centenario del final de la Primera Guerra Mundial. De camino a París, Trump atacó la propuesta de Macron sobre la creación de un ejército europeo. En París, apareció distante del francés durante los eventos y de mal humor la mayor parte del fin de semana. En la ceremonia en el Arco del Triunfo, Macron criticó al nacionalismo al definirlo como “traición al patriotismo”.

Macron busca continuar su papel como defensor principal de la alianza europea, pero hoy en día está amenazado políticamente por la revuelta de los chalecos amarillos.

“Tanto Macron como Merkel hablan de que Europa es capaz de tener autonomía estratégica en materia de seguridad. Pero mientras Alemania gaste poco dinero en defensa y mientras su cultura estratégica sea tan diferente a la de Francia, ese objetivo no es viable”, manifestó Charles Grant, director del Centro para la Reforma Europea. “Pueden hablar, pero necesitan caminar”.