Unas personas limpian, otras debaten y otras reparten comida, algunas observan la plaza mientras unas pocas consiguen conciliar el sueño entre tienda y tienda: en la Puerta del Sol de Madrid, el campamento de los "indignados" del movimiento 15-M sigue en marcha cada noche.

El descanso en la Puerta del Sol es importante: "Descansa y organízate. Tu fatiga les beneficia", advierte un cartel de la comisión de política. Pero la actividad continúa hasta bien entrada la madrugada.

Alrededor de la estatua del rey Carlos III, ahora escondida entre decenas de pancartas y lonas de plástico, varios generadores de electricidad abastecen de luz a los puestos. Entre ellos, los voluntarios cuidan el aspecto de la plaza, barriendo o paseando con bolsas de basura para que la gente deposite los restos dentro.

"Hasta las 3:00 hora local suele haber gente hablando", relata Andrés Martínez, un estudiante de 19 años que acampa en Sol desde el domingo 22 de mayo, día de las elecciones regionales en España. Desde entonces "hay más gente trabajando y acampando, pero menos gente de manifestación", señala.

Tras cinco minutos de protesta silenciosa cada medianoche, pequeños grupos de personas comienzan a preparar sus tiendas de campaña, donde charlan o tocan la guitarra, algo que está permitido, a diferencia de las batucadas y la megafonía, que se evitan durante la noche para no molestar.

Otros acampados ven una película proyectada en una sábana colgada entre dos farolas, mientras algunos de sus compañeros leen en la biblioteca o realizan talleres.

También hay quien duerme en Sol para mostrar su apoyo a la protesta, aunque no participe activamente, como María y Ainhoa, dos estudiantes de 20 años que pernoctan desde el domingo 22 en Sol y abandonan la plaza cada mañana para acudir a clase.

"Prefiero trabajar en el barrio porque allí tengo más materiales que llevar y la gente nos va a apoyar", argumenta Ainhoa en referencia a las comisiones que, a partir del sábado, comenzarán a trabajar en los barrios de Madrid. A pesar de ello, ambas creen que su presencia por las noches en Sol es necesaria.

"Con esta acampada podemos llegar a algo muy grande", sostiene María.

Cerca de donde ellas se encuentran, se sientan otras personas ajenas a la protesta, en su mayoría gente sin hogar que aprovecha la existencia de la acampada para pasar la noche en una zona protegida en pleno centro de Madrid.

Fuera de la vista de los vecinos del barrio y de los viandantes de una de las zonas más comerciales de Madrid, la actividad no cesa cuando el Sol se pone, y los voluntarios siguen reclamando mejoras laborales, sociales y económicas.

"Las comisiones de trabajo se reúnen normalmente a las 22:00 y las reuniones pueden llegar a durar hasta las 3:00", cuenta Daniel Lorenzo, un desempleado de 21 años que participa en la comisión de actividades.

"Por la noche se debaten los temas tratados en la asamblea general que cada día tiene lugar a las 20:00 hora local, y se preparan las propuestas para la primera convocatoria que los manifestantes de la Puerta del Sol mantienen cada día, a las 9:00."

Pero no todas los noches es igual. "A veces no tenemos nada que debatir y nos quedamos hablando o haciendo algún juego", matiza.

En la comisión de alimentación participa Juana Rincón, que recuerda a dos chicas que se acercan en busca de comida que los bocadillos de la cena se han acabado. Esta masajista de 63 años acudió desde Valencia el día 16 para unirse a la protesta. "No puedo dormir aquí porque tengo dos costillas fracturadas, pero paso entre 10 y 14 horas diarias", cuenta.

La acampada de la Puerta del Sol será en principio levantada el próximo domingo, aunque depende de lo que se decida en las asambleas. "Si después del día 29 la acampada continúa, yo seguiré viniendo a dormir", sentencia Lorenzo.

DOCH