En los últimos días, ha habido un debate activo dentro de la clase política sobre si el exgobernador de Massachusetts, Mitt Romney, es realmente el candidato del momento en la carrera o si él y su campaña simplemente tratan de engañar a los reporteros crédulos acerca del verdadero estado de la carrera.

Alec MacGillis, de The New Republic, lanza la idea de que el impulso de Romney es más el deseo de reporteros de una carrera reñida que una inspección detallada de la dinámica real del trabajo hecho durante el concurso.

MacGillis escribió sobre las consecuencias del desempeño de Romney en el primer debate presidencial el 3 de octubre:

El poder de nuestra historia recorrió el país. Romney subió en las encuestas, en un rebote pos-debate como ninguno otro jamás registrado en la historia. No importa que una inspección más detallada sugiera que su ascenso había iniciado poco antes del debate, justo cuando el impulso de Obama disminuía. Como nos gusta decir en privado: esta historia era demasiado buena para comprobarla. Tuvimos un regreso en nuestras manos y los Gigantes de San Francisco nos lo pueden decir mejor hoy en día, no hay mejor historia que un regreso .

Entonces, ¿qué es lo que inspección más detallada revela?, ¿demuestra que Romney realmente resurgió a raíz del primer debate o, de acuerdo con MacGillis, revela a medios de comunicación que sólo les gusta tenerlo cerca?

MacGillis tiene toda la razón al indicar que Obama había comenzado a menguar en su impulso en lo que incluso sus más cercanos aliados reconocieron se trató de un pináculo artificial en las encuestas a finales de septiembre. Pero quizás una mirada a los sondeos en los tres estados más indecisos del país, Florida, Ohio y Virginia, sugiere que entre el primer debate presidencial y hoy ha habido una tendencia clara en favor de Romney.

En Florida, Romney fue de estar atrás por dos puntos el 3 de octubre a estar adelante 1.8 puntos el miércoles en una encuesta de Real Clear Politics.

En Ohio, Romney fue de 5.5 atrás el 3 de octubre a 1.7 puntos negativos el miércoles.

Y en Virginia, Romney estaba atrás de Obama por 3.5 puntos el 3 de octubre y, a partir del miércoles, los dos candidatos estaban empatados.

En general -y a sabiendas de que una encuesta no es una ciencia perfecta-, parece que Romney ganó aproximadamente 3.5 puntos en cada uno de los tres estados durante los últimos 20 días.

Eso sugiere que Romney tiene -o al menos tuvo- algo de impulso genuino además de su buena actuación en el primer debate.

Sin embargo, se podría argumentar: ¿Acaso no tal impulso se deriva simplemente -como argumenta MacGillis- de la decisión de los medios para inundar el espacio con cobertura acerca de un regreso de Romney?

Es imposible demostrar que ésta es una idea equivocada, pero el creer que es correcta significa que uno cree que los medios de comunicación tienen mucho más poder -sobre todo entre los votantes indecisos con poca información y la base de los electores republicanos- de lo que en realidad tienen.

Pero hay una diferencia entre poner a Romney como el favorito y simplemente darle lo que le corresponde gracias a un gran desempeño en el debate que energizó a su base y dio a los votantes independientes más razones para gustar.

Ahora, la pregunta de si Romney todavía tiene el impulso o si éste ha disminuido es más difícil de contestar. Los demócratas insisten en que Romney ha dejado de subir en las encuestas en los estados indecisos, pero incluso han reconocido que hubo movimiento en su favor en las últimas semanas.

Lo que sí sabemos es que Romney y Obama están en un empate técnico a nivel nacional y la que fuera una clara ventaja para el Presidente en una serie de estados indecisos se ha reducido considerablemente.

Lo que no sabemos es si Romney ha tocado techo o no. Pero es difícil argumentar que no ha habido movimiento real en su favor en las últimas tres semanas.