Hace menos de dos semanas, el presidente Trump prometió retirarse de Siria. Diez días después, abrió un nuevo frente contra el líder sirio Bashar al Assad y al haberlo hecho arriesga llevar a Estados Unidos a tener un conflicto más amplio en la zona.

Al atacar a Siria la madrugada del pasado sábado, la administración Trump, dice, advierte a Assad el riesgo que conlleva el volver a usar las armas químicas como ocurrió, al parecer, el pasado 7 de abril muy cerca de Damasco.

La medición del ataque tenía claramente el objetivo de no despertar una respuesta bélica por parte de Rusia o Siria en el propio Medio Oriente o, inclusive, en el ciberespacio.

De acuerdo con analistas, el riesgo del ataque apunta hacia una escalada.

“Dado el vínculo existente entre Rusia, Irán y Assad, un ataque que consideraríamos limitado y preciso podría ser malinterpretado por una o más de esas tres partes y justificar desde su perspectiva un golpe de venganza”, dijo el teniente general retirado James CM Dubik, miembro sénior del Instituto para el Estudio de la Guerra. “Entonces, ¿qué hacemos?”.

Las posibles represalias incluyen los ataques de las milicias respaldadas por Irán contra las fuerzas estadounidenses en Medio Oriente, incidentes intensificados contra las fuerzas estadounidenses y sus aliados dentro de Siria o “respuestas asimétricas” como podrían ser algunos ataques cibernéticos.

Todavía no está claro si las fuerzas de Assad recurrirán a las armas químicas en el futuro a medida que el líder busque extender su control por todo el país.

Robert Ford, exembajador de Estados Unidos en Siria y miembro del Middle East Institute y la Universidad de Yale, dijo que la acción militar disuadiría a las fuerzas de Assad de usar armas químicas sólo si Estados Unidos realiza ataques de seguimiento cuando ocurran nuevas atrocidades.

“No creo, para hacer que la disuasión se mantenga, que este pueda ser el último ataque”, dijo Ford. El exdiplomático estadounidense, que dijo que las fuerzas de Assad estaban usando armas químicas en parte porque carecen de un numeroso Ejército, predijo que el líder sirio “nos pondrá a prueba, y tendremos que hacer esto nuevamente”.

Algunos de los que apoyan los ataques aseguran que más allá de que Al Assad detenga el uso de armas químicas, se le estará enviando un mensaje claro a la comunidad internacional en el sentido de que se está observando y que Estados Unidos tiene la intención de hacer cumplir la prohibición de las armas químicas que los países instituyeron después de la Primera Guerra Mundial .

La primera ministra británica, Theresa May, dijo que los ataques, en los que participaron el Reino Unido y Francia, enviarían una señal clara a cualquier persona que crea que puede usar armas químicas con impunidad. En referencia al ataque de agente nervioso del mes pasado contra un exespía ruso viviendo en Salisbury, Inglaterra, dijo: “No podemos permitir que el uso de armas químicas se normalice, dentro de Siria, en las calles del Reino Unido o en cualquier otro lugar de nuestro mundo”.

La intervención militar de la semana pasada ocurre justo en el momento en el que Washington casi ha renunciado a buscar el derrocamiento de Al Assad. Trump quiere que el Pentágono retire las tropas estadounidenses y dejar únicamente su apoyo a las milicias kurdas para que culminen su lucha en contra del Estado Islámico.

La partida de las tropas estadounidenses de Siria, dicen los estrategas militares, probablemente allanaría el camino para que Assad consolide su dominio en el país, respaldado por Rusia, Irán y la milicia libanesa Hezbolá.

Impulsos contrarios

Uno de los personajes que mejor ha definido la estrategia de Trump es el general Jim Mattis. Se trata, dice, de “impulsos contrarios”. Por un lado, Trump quiere que los Estados Unidos no tenga nada que ver con Siria. Por otro lado, quiere dictar normas de comportamiento sobre el campo de batalla.

Aquellos que ven con malos ojos los ataques selectivos en respuesta al uso de armas químicas dicen que Estados Unidos ha renunciado a intentar asegurar la partida de Assad. Esto significa que el Ejército sirio continuará matando a quienes deseen a medida que consoliden el control.

“Mientras (Trump) tenga una estrategia que deje a Assad en su lugar y le permita asesinar a su gente, lo hará”, dijo Kenneth M. Pollack, un exanalista de la CIA y académico residente del Instituto American Enterprise. “Y probablemente usará agentes de guerra química”.

Pollack sospecha que el régimen sirio e Irán no tomarán represalias contra Estados Unidos porque están ascendiendo en un campo de batalla que Trump ha prometido abandonar, y no querrán involucrarse en ninguna acción que pueda evitar una salida de los Estados Unidos, lo que significaría una gran victoria para ellos.

Diferencia entre matar con armas químicas y armas convencionales

El ataque también plantea un dilema: Trump actúa cuando hay de por medio ataques con armas químicas; sin embargo, no lo hace cuando con armas convencionales se matan a miles de personas.

En declaraciones al Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes el jueves de la semana pasada, Mattis sugirió que las armas químicas difieren de las armas convencionales en la barbarie que producen.

Para algunos politólogos, esa lógica representa una pendiente resbaladiza, donde Estados Unidos se ve obligado a emprender acciones militares por motivos humanitarios sólo en función del tipo de asesinato que se esté produciendo.

“¿Qué tan horrible es que nos llegue a perturbar una forma de matar niños sirios pero no otra?”, preguntó Mara Karlin, una antigua funcionaria del Pentágono durante la administración Obama y profesora asociada en la Escuela de Estudios Internacionales Johns Hopkins.

El atractivo de los ataques realizados por Estados Unidos, dijo Pollack, es que son “operaciones militares que sientan bien”, que hacen que el público estadounidense piense que ha hecho algo para ayudar a los sirios.

“No, no lo hicimos”, dijo Pollack. “Han muerto 500,000 de ellos y no hemos hecho nada”.

En efecto, nada.