Nueva York. Richard y Cynthia Murphy educaron a sus dos hijas en una casa colonial en una calle ondulante de un suburbio de Nueva Jersey. Ella, vicepresidente de una firma de servicios financieros, gustaba de cultivar su jardín. Katie de 11 años y Lisa de siete jugaban en sus bicicletas color de rosa en la cerrada de su calle.

Los vecinos notaron que Cynthia tenía un ligero acento extranjero. Les dijo que era escandinavo. Parecía una vida modelo de la clase media alta. Pero según fiscales federales, la casa es propiedad del Centro Moscú, una unidad de inteligencia del gobierno ruso. El gobierno federal afirma que Richard y Cynthia Murphy -nombres probablemente ficticios- eran agentes encubiertos rusos, dos de 11 sospechosos de espionaje quienes, hasta su arresto esta semana, vivían como estadounidenses ordinarios, mientras reportaban en secreto a Moscú.

Es verdaderamente avasallador , dice el inversionista Alan Patricof, quien sospecha que es el hombre de negocios no identificado y que según las autoridades era el objetivo de Cynthia Murphy. Va más allá de la imaginación .

Patricof, amigo de confianza de Bill y Hillary Clinton por muchos años, conoció a Murphy a través de la firma neoyorquina Morea Financial Services, donde ella trabajaba y él era cliente. Aunque dice que sólo llegaron a discutir temas fiscales y de inversión, diversas comunicaciones interceptadas mencionan a un financiero de Nueva York como posible fuente de información sobre política exterior de EU e inteligencia de la Casa Blanca, según los cargos levantados en el caso.

Conforme se van conociendo detalles de la presunta red de espías que, según los fiscales, se extendía de Manhattan a Seattle y al corazón de Washington, los sospechosos supuestamente escondieron enormes cantidades de dinero y redactaban mensajes en tinta invisible, en su tarea de recolectar información sobre la política exterior de Washington y sus secretos.

La evidencia sugiere que algo estaba ocurriendo. Mientras funcionarios de Washington y Moscú esta semana buscaban la forma de evitar que el caso perjudique las relaciones bilaterales, el onceavo sospechoso fue arrestado en Chipre cuando estaba por abordar un vuelo a Budapest. Los abogados de los sospechosos dicen no estar disponibles para hacer comentarios.

Contrario a casos de espías famosos como Aldrich Ames y Robert Hanssen, que ocasionaron un daño incalculable a la seguridad nacional, los sospechosos de esta semana recibieron órdenes de no buscar información clasificada, sino de mezclarse entre la sociedad para necesidades futuras.

La tragedia de esto es, ¿qué va a pasar con las niñas?, se preguntan los vecinos de los Murphy.