En Tañarandy, Paraguay, 15.000 creyentes católicos, entre ellos decenas de turistas americanos y europeos, marcharon en silencio a la luz de miles de antorchas, para recordar la muerte de Jesús en un estilo que preserva la costumbre de las reducciones jesuitas de la colonia.

El resplandor de los candiles y el sonido de los cantos lastimeros de los llamados estacioneros irradian un ambiente mítico a la celebración que se realiza al anochecer del viernes santo.

Los miles de peregrinos acompañan unos 3 Km a la Virgen Dolorosa en un acto que representa el pasaje del credo que relata cómo Jesus "descendió a los infiernos para liberar a los justos" antes de la resurrección.

A esta procesión los feligreses la llaman en lengua guaraní Yvaga Rapé (Camino al Cielo).

"Es impresionante ver todas las velas y antorchas prendidas a lo largo del camino hasta perderse en el horizonte", relata a la AFP Annie Tabel, de Auvergne (centro de Francia).

"Me llama la atención ese color rojizo del fuego y el aroma a perfume y frescura, con ese fondo de luna llena. Es una sensación única. Me encanta", describe Marie-Claude Brognaux, otra turista francesa.

El aroma es el efecto del contacto de la llama con miles de naranjas cortadas por la mitad, a las que se extrae toda la pulpa para sustituirla por los candiles, los cuales se encienden en el crepúsculo.

Annie Tabel y Brognaux acompañaban a René Tabel, un veterano ex maratonista en su país dedicado a montar una estancia ganadera en Paraguay, donde dijo planeaba radicarse próximamente.

"Cada viene más gente", asegura Koki Ruiz, un artista plástico que recobró y volvió a dar vida hace 20 años a esta tradición secular.

Esta expresión de la religiosidad popular, que dura unas dos horas y media, culmina en unas barracas suerte de anfiteatro al aire libre donde cuadros vivientes creados bajo la dirección del artista Ruiz representan escenas del Vía Crucis.

Uno de los cuadros vivientes que más impacto causan en la muchedumbre es la representación casi perfecta de La Ultima Cena de Leonardo Da Vinci.

Con asombro, los miles de creyentes pueden contemplar tambnién el Cristo de San Juan de la Cruz desde la concepción del pintor surrealista Salvador Dalí.

Las escenificaciones, con el marco de un coro que entona música del período barroco, son protagonizadas por jóvenes artistas de Tañarandy.

El lugar está a unos 4 km de la Iglesia de San Ignacio Guazú, epicentro de la primera reducción jesuítica, fundada en 1609 (siglo XVII), una de las más importantes de las 60 creadas por estos religiosos en los actuales territorios de Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay.

En Tañarandy, que en guaraní significa "tierra de los herejes y demonios", vivían los indios que se resistían a ingresar a la reducción guaranítica de San Ignacio. Se los consideraba rebeldes y por ende condenados a los infiernos.

El templo de San Ignacio Guazú conserva vestigios de aquella "era de ensueño" con decenas de imágenes de santos y obras de carácter religioso esculpidas por los indios que habitaban la región cuando fueron conquistados por los padres de la Compañía de Jesús.

A unos 200 km más al sureste se erige una de las pocas ruinas jesuíticas que mantiene las formas de los edificios construídos por los aborígenes bajo la conducción de los religiosos.

Gilles Bienvenu, ex embajador de Francia en Asunción, describe en su obra "Presencias francesas en el Paraguay" la remarcable influencia en la obra de los nativos, de pintores, escultores, filósofos y músicos franceses, belgas, suizos y alemanes que acompañaron a los religiosos españoles cuando transcurrían los tiempos de la Ilustración.

La Corona de España prohibía entonces la presencia de europeos no ibéricos en estas regiones, aunque toleraba a los religiosos de otras naciones que ayudaron a construir "la organización social más perfecta de la humanidad", como describió Tomas More a las reducciones, recuerda el diplomático en su libro.