Beirut. Dos meses después de la reanudación de su ofensiva para recuperar el control de la región de Idlib en Siria, el régimen de Bashar al Asad y su aliado ruso bombardean sin respiro el último gran bastión de los yihadistas y rebeldes, lo que ha causado el éxodo de cerca de 1 millón de personas.

La alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la chilena Michelle Bachelet, dijo que estaba “horrorizada” por la violencia en el noroeste de Siria, y reclamó “corredores humanitarios” para facilitar el paso de civiles en condición de seguridad.

Los civiles que huyen “están traumatizados y obligados a dormir al aire libre con unas temperaturas glaciales, pues los campamentos (de refugio) están llenos”, dijo el secretario general adjunto para Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, en un comunicado.

“Las madres queman plástico para calentar a sus hijos. Bebés y niños más pequeños mueren a causa del frío”, lamentó.

Pero el régimen no parece dispuesto a detener su ofensiva a pesar de los llamados a un cese de fuego, luego de que sus fuerzas, ayudadas por Rusia, Irán y el Hezbolá libanés, recuperaron el control de 70% del territorio.