Sao Paulo. ESTE PAÍS se jacta de ser una creciente potencia económica, cada vez más un jugador relevante en el comercio global.

Pero muchos brasileños se preguntan si el deficiente sistema de educación pública, que enfrenta serias dificultades para educar a 50 millones de menores, es capaz de preparar a suficientes jóvenes adultos para permitir a Brasil competir contra países como China.

Así que cuando Heloiza Silveira se enteró de que había vacantes en una escuela local gratuita, se formó a las 3 de la mañana junto con una multitud de padres y obtuvo un lugar para su hijo de cinco años.

La escuela es manejada por la filial filantrópica del segundo banco de Brasil, Bradesco, que ofreció 100 vacantes gratis a las familias más necesitadas de Osasco. Creo que ahora sí mi hijo tiene un futuro , dijo Silveira.

En todo Brasil, empresas y sus fundaciones -entre ellas Bradesco- se han decidido a gestionar escuelas, desarrollando nuevas metodologías de enseñanza y mejorando la administración escolar. Las que ofrecen una educación gratuita de por vida tienen limitaciones y su oferta equivale a una gota en el océano de las necesidades educativas de Brasil, según una vocera del Ministerio de Educación.

Para muchos padres, la mayor participación del sector privado es una señal alentadora, aunque refleja el pobre estado de la educación pública. Un estudio de la Universidad de Harvard en el 2007 reveló que muchos programas educativos son difíciles de evaluar y lo peor es que son dispendiosos.

Las empresas que han asumido el liderazgo educativo se ubican entre los impulsores de la economía. Están la acería Gerdau, la empacadora de carne JBS y el fabricante aeronáutico Embraer, que gestiona una preparatoria para 600 alumnos.

Todo es parte de la creciente sofisticación del país y de su necesidad de una fuerza laboral más preparada , dijo Fernando Rossetti, quien encabeza un grupo de fundaciones y empresas que patrocinan programas educativos.