Un senador estadounidense por Alabama desvió más de 100 millones de dólares en asignaciones federales para renovar el centro de Tuscaloosa, cerca de un edificio de oficinas comerciales que le pertenece.

Un congresista de Georgia asignó 6.3 millones de dólares en fondos de los contribuyentes para rellenar una playa a 900 metros de su casa de vacaciones. Un representante de Michigan destinó 486,000 dólares para añadir un carril exclusivo para bicicleta a un puente a poca distancia de su casa.

Treinta y tres miembros del Congreso han dirigido más de 300 millones de dólares en asignaciones y demás disposiciones de gastos a decenas de proyectos públicos que están cercanos o a menos de 3 kilómetros de las propiedades de los legisladores, según una investigación de The Washington Post.

En el marco de las normas éticas que el Congreso ha escrito para sí mismo, esto es legal y no está sujeto a divulgación.

El Post analizó los registros públicos de los valores de todos los 535 miembros y los comparó con las asignaciones que los miembros habían buscado destinar a proyectos domésticos.

El proceso descubrió créditos para obras en las proximidades de bienes raíces propiedad de los legisladores o sus familiares. La revisión también encontró que 16 legisladores enviaron dinero de los contribuyentes a empresas, universidades o programas comunitarios donde sus cónyuges, hijos o padres trabajan.