En cuestión de meses, semanas, o posiblemente días, el presidente de Estados Unidos tratará de hablar en nombre de la nación sobre la muerte del senador John McCain.

McCain ha preparado de manera estoica el impacto de cada uno de los procesos de su cáncer cerebral terminal, por lo que esta predicción no le sorprenderá ni le ofenderá. “¿Qué es tu vida?”, pregunta el Libro de Santiago , capítulo 4, versículo 14. “Es una neblina que aparece durante un momento y luego desaparece”.

Debido a que el presidente Trump inventa sin pudor alguno lo que realmente no tiene, es decir, principios, no será difícil que escriba un par de palabras grandilocuentes sobre McCain. Sin embargo, será breve y vago, porque se siente más cómodo con la duplicidad genuina que con la sinceridad fingida.

John McCain nos recuerda que la grandeza estadounidense está hecha por aquellos que entienden que el carácter es la suma de las elecciones más difíciles.

En el 2015, Donald Trump dijo que McCain era considerado como un héroe de guerra sólo por haber sido capturado durante la guerra de Vietnam.

Capturado en Hanoi en 1967, McCain fue hecho prisionero con varias fracturas y una herida en el estómago. Para Trump sólo puede ser héroe quien obtiene la victoria. Nadie más.

Ahora, McCain ha confesado uno de sus últimos deseos políticos: que a su funeral no se presente el presidente Trump.

Así será.