El primer ministro griego llegó al poder hace dos semanas, impulsado por una oleada de esperanza de cambio. Pero su promesa de cambiar los términos del rescate que ha mantenido el país a flote durante casi cinco años no depende sólo de él.

Resulta esencial llegar a un acuerdo con los otros países europeos que contribuyeron al préstamo de 240,000 millones de euros (272,000 millones de dólares). Por ahora, no se han mostrado muy dispuestos.

La gran pregunta es cuántas promesas, si es que hay alguna, puede mantener Alexis Tsipras sin arriesgarse a una salida de Grecia de la moneda única europea, lo que podría tener consecuencias desastrosas.

Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, han recorrido Europa en la última semana para recabar apoyos para su plan de alcanzar un nuevo acuerdo con los países europeos. Su argumento es que tras casi cinco años, es evidente que el sistema actual de reformas vinculadas a la austeridad no está funcionando, y el nivel de deuda es tan alto que nunca podrá devolverse.

Después de los dolorosos recortes de presupuestos, reformas estructurales y subidas de impuestos, ha habido algo de mejora y Grecia registró su primer superávit primario equilibrio presupuestario que excluye los pagos de intereses el año pasado. Pero pese a los miles de millones en créditos baratos y la mayor quita de deuda de la historia en el 2012, la economía griega se redujo en un cuarto y su deuda supone más de 170% de su Producto Interno Bruto.

Tsipras y Varoufakis recibieron una cálida bienvenida en algunos de sus destinos, pero no en Alemania, principal acreedora y guardiana del rescate. Y Grecia no tiene mucho tiempo. El acuerdo actual expira a final de mes, y el Banco Central Europeo anunció este mes que a partir del 11 de febrero no podrá aceptar los bonos griegos de categoría basura como garantía para conceder préstamos a los bancos del país.

Aunque los bancos aún pueden acceder al Fondo de Liquidez de Emergencia, ese sistema no podrá utilizarse mucho tiempo.

Con la soga cada vez más ajustada en el cuello de Grecia, el gobierno ya ha suavizado parte de su retórica en su primera semana en el poder, cuando los comentarios sobre dar marcha atrás a compromisos del rescate hundieron la Bolsa de Atenas.

Las peticiones de que se perdone la deuda se han cambiado por una propuesta de intercambiar la deuda a los acreedores del rescate con bonos vinculados al crecimiento y bonos perpetuos con intereses, lo que tendría un efecto similar sin una cancelación de deuda directa.

El gobierno dice que necesita tiempo para negociar un nuevo acuerdo aceptable para ambas partes, y quiere un programa puente que asegure efectivo suficiente para funcionar hasta entonces. Sus grandes acreedores, sin embargo, insisten en que Atenas debe atenerse a sus compromisos.