París. Al presidente Emmanuel Macron el destino le cambió un discurso.

El incendio de la catedral Notre Dame le dio un giro a su agenda. La noche de ayer iba a dar un discurso a la nación a través de la televisión en respuesta a las protestas del movimiento de los “chalecos amarillos”, luego de abrir un debate público sobre medidas necesarias para fortalecer la economía y la democracia en Francia.

Se esperaba que el mandatario respondiera a las inquietudes de los alzados sobre la pérdida de poder adquisitivo con propuestas de reducir los impuestos y dar más prestaciones a pensionados y a padres solteros.

Otras reformas qie iba a anunciar versarían sobre maneras de mejorar el sistema democrático francés. Algunos vaticinaban que Macron abriría la posibilidad de que los ciudadanos propongan referéndums.

Macron ha descartado en repetidas ocasiones reintroducir un impuesto a los ricos, una de las exigencias principales de los descontentos.

El llamado “movimiento de los chalecos amarillos”, iniciado como respuesta a un aumento de los precios de la gasolina en noviembre, se ha ampliado hasta convertirse en una revuelta general contra las políticas de Macron, que muchos acusan de ser parcial hacia los ricos y las grandes corporaciones. Las protestas, que en ocasiones se tornaron violentas, especialmente en París, degeneraron en una crisis nacional en medio de la cual los índices de aprobación del mandatario cayeron estrepitosamente.

Aun así, en semanas recientes las protestas han ido menguando.

Líderes del movimiento le han pedido a la militancia ignorar los pedidos de Macron de participar en el debate, considerando que sus intenciones no son sinceras.

El discurso tendrá que esperar.