Después de varios meses de negaciones, por primera ocasión tenemos una prueba pública, entregada por Trump Jr, de que efectivamente hubo el deseo de una colusión entre Rusia y la campaña de su padre.

De ahora en adelante, no sólo vale la pena centrar la atención en los vínculos políticos de Donald Trump con Rusia, lo importante será ver las decisiones que tome el fiscal del caso, Robert Mueller, sobre los riesgos legales a los que se enfrentarán personajes cercanos a Trump como lo son: su hijo mayor y su yerno.

El presidente pasó la mañana del lunes viendo en la televisión su programa favorito Fox&Friends, y tuiteando sobre sus contenidos. Mientras eso sucedía, estoy seguro de que en la oficina del fiscal Mueller se habló mucho sobre el caso del tráfico de información de una abogada rusa a Trump Jr, y en particular, sobre la reunión que sostuvieron ambos junto a Paul Manafort, director de campaña de Trump, y Jared Kushner, su cuñado en la neoyorquina torre Trump.

Durante una campaña electoral es normal que los equipos consigan información delicada sobre sus oponentes para explotarla frente a los medios; sin embargo, no se puede decir que sea algo normal socavar a un oponente sin importar la identidad del proveedor de la información. Sobre todo, si es extranjero.

En el 2000, la campaña de Al Gore recibió de manera anónima varias carpetas de información sobre George W. Bush. El equipo de campaña de Gore entregó el material al FBI.

La abogada con la que se reunió Trump Jr, Natalia Veselnitskaya, es conocida por haber hecho una cruzada en contra de una ley que promulgó Barack Obama en el 2009, conocida como Ley Magnitsky, que castigaba a funcionarios rusos implicados en la muerte del jurista Serguéi Magnitski. En respuesta, Putin prohibió que niños rusos fueran adoptados por estadounidenses.