¿Qué hacer una vez que BP solucione el problema del derrame en el Golfo de México dentro de días, semanas o meses? Le decimos lo que puede hacer con su petróleo: mantenerlo en el subsuelo.

Se trata de un desastre ambiental que volverá a ocurrir hasta que cortemos nuestra adicción al petróleo. ¿Cómo nos zafamos de la adicción?

Endurecemos nuestras normas de economía de combustible y de emisiones de tal forma que los fabricantes vean más allá de vehículos que dependen del petróleo.

El presidente Obama tuvo razón en suspender nuevas perforaciones. Debiera aplicar una prohibición permanente. También tiene razón al afirmar que no podremos cortar la dependencia en 10 años. Pero nunca lo podremos lograr si no lo intentamos con mayor decisión. La respuesta de largo plazo a esta catástrofe no puede limitarse a prohibir perforaciones en aguas profundas.

En mayo del 2009, el Presidente dio el paso más significativo, hasta ahora, para recortar la dependencia petrolera y reducir la contaminación que lleva al calentamiento global. Fijó la norma de emisiones para autos y camiones ligeros de 27.5 y 22.2 millas por galón, respectivamente, a una tasa general de 35.5 millas por galón para el 2016. Ello ahorrará 1.1 millones de barriles diarios para el 2020, según la Unión de Científicos Preocupados.

Pero para proteger a nuestros trabajadores, costas, vida marina y comunidades que dependen de ello, debemos avanzar agresivamente más allá de dicha norma. Si la siguiente norma eleva la mejoría anual en ahorro de combustible del actual 4.3 a 5.5% del 2017 al 2025, ahorraríamos otros 3.5 millones de barriles al día, según el Consejo Para una Economía Eficiente.

Llegar a esa meta no involucra una ciencia avanzada. Tiene que ver con mecánica automotriz. Detroit cuenta con la tecnología para fabricar autos con una bajas o nulas emisiones. Mejores motores, transmisiones y aerodinámica, amén de híbridos y tecnología para autos eléctricos están listos para los reflectores.

Lo malo es que los fabricantes nunca hacen más de lo que la ley dicta. Producirán autos y camiones ligeros impulsados por tecnologías que van más allá del motor de combustión interna, sólo cuando las normas sean lo suficientemente duras.

Aprovechando que hoy los contribuyentes somos sus dueños, debemos presionar para que General Motors y Chrysler apoyen este esfuerzo, no lo obstaculicen.