Jacob Melin invierte en la criptomoneda bitcoin desde hace un par de años. Actualmente tiene una casa nueva, una camioneta, un negocio de consultoría y una fila de personas esperando en su oficina, quienes anhelan enriquecerse tan rápido como él. Uno de ellos dijo que, con una inversión modesta, esperaba “retirarse en 12 o 18 meses”.

Otros clientes quieren usar sus ganancias para comenzar un negocio. Existen otras personas que desean asegurar la carrera estudiantil de los hijos. Por ejemplo, uno de ellos es padre de dos hijos, y su intención es liquidar los créditos estudiantiles y comprar varios acres de tierra. Sus deseos serían imposibles con su ingreso de vendedor de software.

“Nosotros, personas modestas que trabajamos sin tregua, no podemos salir adelante”, le comenta Cedric Knight de 35 años a Melin. “Ésta es una oportunidad única para cambiar mi vida”.

Tanto Knight como otras personas que visitan a Melin para asesorarse sobre el bitcoin ponen sus esperanzas en este nuevo tipo de moneda cuyo valor potencial ha comenzado a ser reconocido.

Millones de personas en el mundo buscan fortuna invirtiendo en bitcoin, cuyo valor ha crecido más de 2,500% en los últimos dos años, y en otros instrumentos digitales conocidos como criptomonedas.

Originalmente, el bitcoin y las criptomonedas en general no fueron pensadas como una forma de hacer dinero, sino como una nueva manera de comprar y vender bienes y servicios de forma segura y sin depender del sistema tradicional de pagos, efectivo y tarjetas de crédito. Sin embargo, el bitcoin se ha transformado en algo más: para algunas personas ha servido para enriquecerse y para otros como una cobertura contra la ansiedad que representa el futuro económico. Para la mayoría es un poco de ambos casos.

En el mundo intangible y sin regulación gubernamental

Creada casi 10 años atrás por un programador anónimo, el bitcoin es diferente a las monedas tradicionales: no tiene expresión material y no es emitido por un gobierno. Las criptomonedas pueden ser compradas en línea, usando cuentas de cheques y tarjetas de crédito. Las transacciones son asentadas en un registro público y visible llamado blockchain; es decir, ninguna persona administra el sistema de bitcoin y de las otras criptomonedas, es colectivo y ajeno al control gubernamental.

En Louisville, para aquellos que creen en el bitcoin, Jacob Melin es uno de los más importantes asesores con tan sólo 22 años de edad. Es “un visionario”, asegura Knigth, “sin miedo a andar en lo desconocido”.

Hace tres años Melin asistía a la Universidad de Indiana del Sureste, viajando diariamente desde casa de su madre. No podía evitar sentir que pagaba por algo que no valía la pena. Así que dejó la universidad, retiró 22,000 dólares que restaban del fondo universitario que su madre le había provisto y lo invirtió en criptomonedas. Por un tiempo fue un desertor universitario trabajando en un casino, manejando un carro de $500 dólares y durmiendo en el suelo de la sala. Pero en el 2017 ganó $770,000 dólares, dinero que empleó para comprar una casa con tres recamaras, una camioneta y un gato.

Melin no pretendía enriquecerse, sino que estaba buscando un sistema económico global alternativo. Empezó a sentir suspicacia durante la crisis financiera del 2008, cuando su madre perdió su empleo como programadora. Melin piensa que, aunque Estados Unidos ha dejado atrás la recesión, el mundo no ha aprendido la lección. Además, estaba especialmente molesto con la creciente carga que representan los baby boomers para el sistema de seguridad social. “Los programas son insostenibles. Voy a ser el esclavo de estas personas por el resto de mi vida”.

Para él, las monedas sin respaldo gubernamental son una forma de resguardarse de los riesgos sistémicos. Empezó comprando 5 bitcoin a $400 dólares cada uno, después compró una docena más cuando el precio se aproximaba a $1,000 dólares. Las personas que trabajaban con él en el Casino Horseshoe estaban más interesados en comprar billetes de lotería que en escuchar sus consejos para invertir.

“Todos pensaban que yo estaba loco”, comenta Melin.

Entonces, todo empezó a cambiar. En el 2017 el precio de bitcoin despegó hasta $2,000 dólares, en meses se cotizaba en $5,000 y después en $10,000 dólares, poco tiempo después se ubicó alrededor de $20,000 dólares. Los medios empezaron a darle seguimiento al bitcoin con la misma regularidad que al mercado de valores.

En agosto, Melin se unió a un negocio de consultoría de criptomonedas, iniciado por otro antiguo inversionista, Enrique Rodríguez, con el objetivo de asesorar a nuevos inversionistas, realizando talleres y ayudándoles a evitar fraudes y trampas. Desde entonces, han estado en contacto con la nueva generación de compradores de criptomonedas: retirados, desempleados, obreros y maestros.

¿Dinero fácil?

“La gente tiene la percepción sobre el bitcoin como un instrumento que aporta dinero de manera fácil”, asegura Melin. “Porque así fue”.

Mientras que el bitcoin y las múltiples criptomonedas competidoras ganan notoriedad, algunos economistas las consideran como parte de una burbuja especulativa, similar a la locura de las dot-com de finales de la década de 1990. Los inversionistas provocan variaciones bruscas en los precios del bitcoin, y sus múltiples pequeños competidores, con su cambiante estado de ánimo.

Cedric Knight, el vendedor de software, pensó que las criptomonedas valían el riesgo porque no encontraba una mejor manera de mejorar rápidamente su vida. Se sentía estancado. “El bitcoin podría representar mi pensión”, dijo.

“Te dicen que vayas a la universidad, obtengas un título y luego tendrás un trabajo de seis dígitos”, confiesa Knight. Me decían “endéudate y luego pagamos durante el resto de la vida. Es una gran preocupación. Es una carga para mí”.

Knight se fue a su casa a prepararse la cena, después, abrió una de las ocho aplicaciones de criptomonedas que había descargado.

erp