El papa Benedicto XVI, rodeado en Milán de miles de fieles de 154 países, llamó a los poderes públicos a proteger y ayudar a la familia, que es un inmenso "capital social", a nombre de la cohesión social.

"El Estado debe reconocer la identidad propia de la familia, fundada en el casamiento y abierta a la vida, y el derecho primordial de los padres a la libre educación de sus hijos, según el proyecto educativo que juzguen válido y pertinente", afirmó el Papa el sábado por la tarde en dirección de las autoridades milanesas y lombardas.

En la mayor metrópoli italiana coexisten todas las formas de familia y se considera una ciudad laboratorio de la libertad de costumbres.

No es por casualidad que el Papa llamara a cooperar a los católicos, influyentes en la ciudad, y a quienes abogan por un "laicismo positivo".

"El Milán positivamente laico y el de la fe son llamados a cooperar por el bien común", dijo ante el alcalde de la izquierda radical, Giuliano Pisapia, favorable al matrimonio homosexual.

Este reconoció ante el Papa que la familia es el "bloque de base" de la sociedad y prometió una cooperación con el poderoso cardenal de Milán y amigo del Papa, Angelo Scola.

El tono del Papa no fue agresivo, aunque la Iglesia se siente poco escuchada a este respecto por las autoridades, cuando se están adoptando las nuevas leyes sobre el divorcio, el matrimonio homosexual, o de limitación de los derechos a una educación católica.

Según la Iglesia católica, la familia tradicional estable formada por marido, esposa e hijos no es una herencia católica sino de toda la humanidad y responde a la ley natural.

Para el sociólogo católico Pierpaolo Donati, los hijos de familias numerosas serían "más felices" en promedio en el mundo adulto, y la familia es un "lugar de humanización de la sociedad".

Para los expertos de la Iglesia, la familia es "capital social", en cuanto que educa, aprende a administrar los conflictos, a compartir y a reducir el individualismo.

La familia crea más lazos con el exterior a medida que tiene más miembros, mientras en la actualidad se está atomizando la sociedad.

También es un "amortiguador social", pues los jóvenes ayudan a los viejos y los viejos ayudan a los jóvenes, como es el caso en Italia con la crisis actual: muchos de los gastos que serían asumidos por el Estado son tomados a cargo por la familia.

"Son el Estado y el mercado los que destruyen a la familia y crean dificultades para la fundación de nuevas familias", dijo recientemente Donati ante la prensa romana.

En el banquillo de los acusados en particular figuran los sistemas fiscales que no reducen suficiente los impuestos a las familias numerosas, en particular en Italia, así como los costos de alquiler y los sistemas sociales conducen a que sea inabordable la educación.

Los poderes públicos cometen el error de no atender a la familia estable "que tiende a concebirse en la esfera privada, mientras la sociedad se proyecta como un conjunto de individuos", afirmó Franco Giulio Brambilla, uno de los responsables del encuentro mundial de las familias.

Aunque la Iglesia está muy comprometida en Italia para ayudar a las familias en dificultad, "Italia está a la cola en cuanto política familiar", denunció el obispo auxiliar de Milán Erminio De Scalzi.

Su tono es menos diplomático que el del Papa: "cada cosa debe ser llamada por su nombre: la familia es la familia, las parejas de hecho son parejas de hecho", dijo en una conferencia de prensa.

La presencia de numerosas delegaciones africanas y latinoamericanas, que hicieron grandes sacrificios financieros para venir al "encuentro mundial de las familias" de Milán ilustra la movilización sobre este tema de los católicos de los países del sur, que ven en la familia estable una garantía de solidaridad y de promoción social.

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