El Cairo. La capital egipcia parecía contener la respiración ayer después de la feroz violencia vivida durante la noche en la que los fraccionados y enojados revolucionarios llegaron a los golpes, con cada lado que lanzó piedras y cocteles molotov, y se amenazó con palos y garrotes entre sí.

La Guardia Republicana de Egipto desplegó tanque-s alrededor del palacio presidencial para evitar más derramamiento de sangre entre los partidarios islamistas del presidente Mohamed Morsi y sus oponentes seculares, liberales y no islamistas.

Miles de partidarios de Morsi, pertenecientes a la Hermandad Musulmana, se retiraron de la zona en conjunto, en un intento de calmar un agravamiento de la crisis política desatada el 22 de noviembre, cuando Morsi emitió un decreto en el que se otorgaba un poder casi absoluto en nombre de acelerar la transición democrática del turbulento país.

La tarde de ayer, al menos tres de los consejeros de Morsi habían renunciado por el decreto y la influyente Universidad Al-Azhar, un emblemático centro del Islam moderado, llamó a Morsi a terminarlo.

En el palacio presidencial de Morsi, la frágil transición democrática llegó a esto: soldados estableciendo un perímetro de alambre de púas alrededor del edificio, donde siete tanques y unos 10 pequeños camiones blindados con armas de fuego estaban estacionados.

Decenas de policías antimotines de uniforme negro se arremolinaban afuera del lugar, mientras que algunos manifestantes de la oposición les gritaron insultos desde el otro lado de las bobinas de alambre de púas.

Equipos llegaron a limpiar las calles llenas de vidrios rotos, piedras y palos dejados ahí por las batallas ocurridas durante la noche, que dejaron seis muertos y más de 400 heridos, según el Ministerio de Salud.

En las calles aledañas, volaban panfletos de la Hermandad que instruían a sus seguidores, quienes la noche anterior se habían enfrascado en los combates cuerpo a cuerpo y habían izado airadamente coranes en el aire, a mantener la calma y meditar.

Los volantes también emitían la advertencia -una señal de la desconfianza que impregna a la sociedad dos años después de la revuelta que derrocó a Hosni Mubarak-: La mayoría de los canales de televisión corrompen la mente y la moral, y causan depresión y desesperanza , sentenciaban.