El Cairo. Ayer, miles de egipcios inundaron la plaza Tahrir, el epicentro de la revuelta que sacudiera a Egipto, para conmemorar el primer aniversario de una revolución que comenzó hace un año.

A lo largo y ancho de la capital, los egipcios marcharon por las calles en dirección hacia la rotonda, cuyo nombre se ha convertido en sinónimo global del movimiento en favor de la democracia. Algunos estaban allí para celebrar, otros para llorar y protestar en contra del régimen militar que lleva casi un año en el mando de la nación tras la expulsión de Hosni Mubarak del poder. También hubo múltiples manifestaciones que congregaron a cientos de egipcios en otras partes del país para conmemorar el aniversario.

Durante la noche del martes, la Sociedad de Hermanos Musulmanes levantó un escenario y un campamento en la plaza Tahrir para prepararse para las festividades del miércoles. Hubo una clara ausencia de las fuerzas de seguridad gubernamentales, pero los comités civiles de la Hermandad registraron a los asistentes y confiscaron limas para uñas, encendedores y cualquier cosa que pudiera ser utilizada como un arma.

Durante el año pasado, Egipto ha recorrido un camino peligroso y lleno de incertidumbre. Mubarak fue derrocado luego de 18 días de revuelta, el 11 de febrero la cúpula militar asumió el control y el brillo de la revolución egipcia poco a poco se desvaneció.

Los activistas políticos han acusado a los gobernantes militares de tratar de mantenerse en el poder político para proteger sus propios intereses económicos y políticos a expensas de una verdadera transición democrática. El Ejército se ha comprometido a entregar el poder a un Presidente electo a finales de junio.

Los revolucionarios también afirman que la columna vertebral del régimen de Mubarak sigue presente dentro de los aparatos de seguridad, que los abusos contra los derechos humanos persisten bajo el dominio de los militares y que el país necesita una revuelta continua hasta que las demandas de la revolución se cumplan, incluidas el levantamiento absoluto de la odiada ley de emergencia y el enjuiciamiento de los responsables de la muerte de más de 1,000 personas durante el último año.

El Consejo militar de Egipto se ha vuelto cada vez más impopular durante este último año. Muchos activistas acusan a los militares de estropear el periodo de transición y de volverse en contra de la revolución que alguna vez juraron proteger.

Los activistas esperan que el primer parlamento elegido democráticamente exija justicia para los asesinados en el último año y fuerce la salida de la cúpula militar. Hasta el momento, ningún alto funcionario ha sido condenado por el asesinato de manifestantes.