Mientras su jefe, Dominique Strauss-Kahn, permanecía recluido en una cárcel neoyorquina sin posibilidad de alcanzar fianza, empleados del Fondo Monetario Internacional expresaron rabia, tristeza y desconcierto, al tiempo que coincidían que su influyente mandato se acabó, sin importar lo que sigue.

Empleados del organismo multilateral con sede en Washington, considerado una institución fundamental que atrae a cientos de las mentes más brillantes del mundo, se seguían juntando alrededor de la televisión este martes, ansiosos por saber más del penoso caso. Para muchos, era difícil compaginar la imagen de un elegante funcionario con gran carisma personal, con la de un individuo desnudo, correteando a una recamarera y quien parece enfrentar 25 años de cárcel.

Está acabado. Nadie cree que podrá regresar. La gente aquí está en estado de choque , declaró un economista del FMI que prefirió no dar su nombre.

La última humillación se dio el lunes. Luego de que una jueza negó la petición de libertad bajo fianza. A pesar de que los abogados defensores aseguraron que Strauss-Kahn permanecería en Nueva York con una hija que vive ahí, la jueza ordenó el encarcelamiento, pues consideró al funcionario un riesgo para escaparse.

Muchos empleados dijeron que era terriblemente desconcertante ver la imagen de DSK, un destacado economista considerado fuerte candidato a la Presidencia de Francia, frente a una jueza y con la barba crecida tras dos días en la cárcel.

El FMI llevó a cabo el martes una reunión de consejo para tratar el tema de DSK, pero las conclusiones se mantuvieron en secreto.