Jerusalén.- Unos afligidos y consternados, otros meditando y reflexionando y otros más sumidos en la emoción que genera el estar en Tierra Santa, cristianos de todos los rincones del mundo recorrieron hoy el Vía Crucis por las calles de Jerusalén.

Sencillo en su formato visual, pero cargado de espiritualidad, el Vía Crucis de la ciudad santa recorre el camino que hizo Jesús desde el juicio en el que fue condenado a muerte hasta la cruz, y que está dividido en 14 estaciones.

"Comenzamos en la Puerta de San Esteban, donde se cree que estaba la fortaleza Antonia, y fuimos avanzando una tras otra hasta el Sepulcro recuperando la memoria de este día", declaró Francisco Martin, un peregrino español.

La fortaleza del gobernador Poncio Pilatos, según los estudiosos, estuvo situada en uno de los extremos de la gran explanada sobre la que se levantaba el templo para poder seguir los pasos a la dirigencia judía de hace 2,000 años.

Aunque en la actualidad no queda nada de ella y desde hace años se levanta ahí un colegio palestino.

Su gran patio de recreo es el punto de partida para el recorrido, que se caracteriza por la dificultad que representa pasar por estrechas y resbaladizas calles en medio de miles de personas cada una sumida en su propio mundo espiritual.

La procesión, que dista mucho de las que se celebran en los países de América Latina, la preside el máximo jerarca de la Iglesia católica en Tierra Santa, monseñor Twall, que procede de estación en estación según un protocolo antiquísimo.

Las primeras estaciones, cerca de la iglesia de la Flagelación, tienen que ver con el interrogatorio y juicio de Jesús por Pilatos.

Mientras que las siguientes recuerdan sus caídas y sus encuentros primero con su madre, María, y después con Simón Cirineo, con Verónica y con las piadosas mujeres.

Más adelante, en la novena estación, otra caída, para pasar a las que ya están dentro del Santo Sepulcro y que recuerdan el lugar donde Jesús fue clavado en la cruz, el lugar de la crucifixión, la bajada de la cruz y la tumba en la que permaneció tres días.

En total son seis las que se encuentran dentro del imponente recinto.

El Nuevo Testamento narra que debido a la urgencia en enterrar el cuerpo, un miembro del Sanhedrín que era fiel seguidor prestó su tumba particular para que reposara allí.

El Santo Sepulcro fue visitado este viernes por una multitud desde la mañana, que formó largas filas para entrar a cada uno de los lugares.

Debido al sofocante calor, muchos peregrinos hicieron el recorrido del Vía Crucis fuera de la procesión convocada poco antes del mediodía, tomándose su tiempo y deteniéndose en los lugares que le parecían más interesantes.

"Se puede ir con todos o solo, no hay ningún reglamento. Lo importante es hacerlo", dijo con humor un puertorriqueño que visita la ciudad por cuarto año.

La experiencia de pasar Semana Santa en Jerusalén es una de las de mayor fuerza para los creyentes católicos, y muchos coinciden en que cuando se imaginan que están sobre los pasos de Jesús, la fe misma se ve reforzada.

"Hemos venido desde muy lejos, pero lo vale. Yo no soy muy creyente pero venimos por mi esposa que es la devota de los dos. Pero reconozco que acá es distinto y que recorrer la Vía Dolorosa despertó en mí ciertas preguntas", destacó el argentino Federico Carrasco.

Como en otras ciudades del mundo no faltan tampoco los que deciden cargar una cruz a cuestas para pasar la experiencia completa, una misión que las altas temperaturas de este viernes hicieron nada fácil.

Los más devotos incluso lo hicieron con túnicas blancas rasgadas, señales de sangre y flagelándose, aunque no se reportaron casos de flagelación extrema.

Aún así, su visión por las calles de la antigua Jerusalén siempre capta la atención de los turistas y de los palestinos que fluyen por las mismas vías, creando escenas que podrían ser trasladadas al cine para una película de época.

JSO