La planificación para el día después de la anticipada caída del presidente sirio, Bashar al-Assad, se ha convertido en una carrera contra el tiempo que muchos defensores de una Siria plural y democrática creen estar perdiendo.

En Washington, Estambul y otros lugares, los activistas de la oposición y sus partidarios crean bases de datos y elaboran las líneas generales de una estructura provisional para gobernar Siria hasta que algo más permanente pueda ocupar su lugar.

Pero incluso aquellos que han trabajado en tales planes dudan que éstos sirvan como más que sugerencias en un ambiente post-Assad que predicen estará caracterizado, en el mejor de los casos, por conflictos y caos. En el peor de los escenarios, contemplan un baño de sangre sectario y un posible dominio por parte de los extremistas, que luchan del lado de las fuerzas militares rebeldes.

Muchos activistas sirios creen que Estados Unidos y Europa han exacerbado los desafíos al prohibir las interacciones con la oposición armada en el país, mientras Al-Assad sigue en el poder.

Otros afirman que la ayuda humanitaria de EU a Siria, en su mayoría provista de manera indirecta e invisible a través de organizaciones no gubernamentales, ha tenido un efecto insignificante en el conflicto y que la masiva ayuda para la reconstrucción, planeada para el día después de la caída de Al-Assad, llegará demasiado tarde para ganar el corazón y mente de los sirios.

Funcionarios estadounidenses reconocieron la urgencia de la situación en el país en guerra civil. Pero hay cuestiones legales involucradas en ir más allá de la ayuda humanitaria, manifestó un alto funcionario del gobierno de Estados Unidos, que habló en condición de anonimato.