Londres. Después de que Canadá perdiera para obtener un asiento como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la estrategia de política exterior en materia de seguridad y paz del primer ministro Justin Trudeau se ha puesto en duda, de acuerdo con un análisis del The Guardian.

Cuando Justin Trudeau fue elegido por primera vez en el 2015, prometió que su victoria ayudaría a Canadá a volver al escenario mundial y reclamar una influencia global que se había erosionado en años anteriores.“Canadá está de regreso en el mundo!”, pronunció.

En una única ronda de votación el miércoles pasado, Irlanda y Noruega obtuvieron los dos tercios de los votos requeridos para ganar uno de los dos puestos correspondientes a Europa y América del Norte, con 128 y 130 votos respectivamente, colocando a Canadá con sus 108 votos en el tercer lugar para sumar su segundo intento fallido que puso fin a una campaña de cuatro años en busca del anhelado escaño. Para varios analistas el resultado manda un mensaje de que no hay claridad de la política exterior canadiense.

Antes de la votación en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Trudeau atenuó las expectativas y enfatizó ante los periodistas que, independientemente del resultado, Canadá estaba “avanzando y liderando el camino” en temas como el cambio climático y una política exterior feminista.

Pero en los últimos días, el primer ministro y su equipo montaron un esfuerzo frenético, llamando a los líderes de la India, Pakistán, México, Macedonia del Norte y Fiji para obtener votos.

Para aquellos que observaron de cerca la campaña, el impulso de último minuto probablemente fue demasiado tarde, y el mensaje de Ottawa fue demasiado confuso.

Limitación en política exterior

Durante décadas, Canadá se calificó como una nación de mantenimiento de la paz, basándose en una larga historia de intervención en conflictos en todo el mundo. Pero esos esfuerzos se han erosionado significativamente en los últimos años, y los compromisos actuales están en un mínimo de 60 años.

“Definitivamente hay una gran brecha entre la retórica y la realidad”, opinó Thomas Juneau, profesor de asuntos internacionales en la Universidad de Ottawa.

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