Detroit. Los demócratas han utilizado los debates como un campo de batalla moral entre ellos y no tanto para subir a Trump sobre el cuadrilátero. Todos cuestionan a sus rivales sobre su talla de honestidad.

Lo relevante de los debates es el asomo de la fisura ideológica que existe en el interior del partido.

El saldo de los debates de junio y julio permite ver que no hay claros ganadores, y lo peor es que no ha aparecido un candidato que haya generado un mensaje de esperanza.

Asistencia médica, migración y cambio climático son los tres principales temas de la agenda, pero el problema es que los televidentes pudieron sumergirse en un mar de dudas a la hora de identificar al candidato con una clara postura en los tres temas.

El desempeño del expresidente Biden mejoró durante el segundo debate pero la proyección de sus ideas hacia el futuro no quedó muy clara; Kamala Harris, inconsistente entre los dos debates; el senador Cory Harris, muy agresivo contra Biden; Bill de Blasio (alcalde de Nueva York) presionó a Biden para que revelara si en su momento convenció al presidente Obama a cambiar las políticas sobre deportación de inmigrantes, algo que Biden aguantó porque nunca respondió; Julián Castro (exsecretario de Vivienda de Obama) recibió crítica de parte de Biden, le dijo que él desea despenalizar la inmigración.