En la más reciente encuesta de Invamer (Gallup Poll 116) realizada entre el 7 y el 19 de diciembre, se encuentran interesantes manifestaciones de la opinión ciudadana sobre diferentes aspectos, instituciones y personajes de la vida nacional, las cuales motivan la reflexión de los lectores.

El presidente Santos tiene 35% de aprobación a su mandato.

Las Fuerzas Armadas son la institución con más alto nivel de popularidad: 73%, le sigue la Iglesia Católica con 61 por ciento.

Los partidos políticos tienen el más alto grado de desconfianza: 84%, seguidos del sistema judicial con 82 por ciento

La policía supera en popularidad (43%) a las altas cortes (Constitucional: 34%, Suprema de Justicia: 27%) y al Congreso de la República (18 por ciento).

La gente cree más en los sindicatos que en los partidos políticos, el Congreso y las altas cortes. Su popularidad es de 45 por ciento.

Increíble: las Farc y el Congreso de la República tienen el mismo nivel de popularidad: 18 por ciento.

Los medios de comunicación gozan de más credibilidad (53%) que las altas cortes, la Fiscalía, el Congreso, el Banco de la República (38%) y los partidos políticos.

Estos registros, sin duda alguna, sugieren inaplazables y eficaces tareas, entre otras: recuperación de la confianza en el sistema judicial; los partidos políticos tienen que reformarse a tono con las exigencias del momento y máxime en el escenario del posconflicto para que sean fieles intérpretes de los anhelos ciudadanos a través de las diversas ideologías; obviamente las coyunturas presentes y futuras de Colombia requieren de un presidente con alto nivel de credibilidad que le facilite actuar como factor de unidad nacional, tal como lo ordena la Constitución, que tienda puentes de reconciliación entre las diferentes regiones y sectores de la población; el éxito del proceso de paz firmado con las Farc se consolidará con instituciones fuertes, eficaces, eficientes y confiables. La corrupción pública y privada y la politiquería en buena parte son las causantes de este preocupante y creciente deterioro institucional.

Con instituciones débiles no crece la democracia, ni se logra la paz ni la seguridad ciudadana, ni se derrota la pobreza, toda vez que genera espacios propicios para la corrupción.

De no corregirse esta crítica situación, es muy probable que sea aprovechada en las próximas elecciones por propuestas populistas que motiven a la ciudadanía, con mentiras y desinformación, a expresar su descontento y entrar a escenarios inciertos.

En esta tarea se impone una responsable actuación de la ciudadanía, que despojándose de fanatismos de toda índole, analice objetivamente las diferentes propuestas y tome una decisión racional, la que más convenga a Colombia. La indiferencia con el acontecer de nuestra democracia sólo sirve a los carteles responsables de su deterioro, que se confabulan con organizaciones criminales, muy hábiles en manipular a la gente con consignas beligerantes y emotivas. Con gente indiferente no es posible construir una país diferente, civilizado y enrutado hacia al progreso de la comunidad, para lo cual es decisivo el imperio de la ley y el desempeño de instituciones sólidas en confianza y respeto ciudadano.