Una máquina lanza impulsos eléctricos en la flácida piel de la mandíbula de Barbara Penha. Esta técnica está en boga en las elegantes clínicas de dermatología que reciben a las mujeres ricas que invierten mucho tiempo y dinero para lucir mejor su bikini.

Pero Penha no es parte de la socialité ni desembolsó los 450 dólares que normalmente cuesta una sola sesión de radiofrecuencia en Río de Janeiro.

La modesta ama de casa obtuvo el tratamiento de forma gratuita en una clínica que ofrece a los pobres acceso a este tipo de costosos tratamientos cosméticos, que son casi rigorosos entre la élite adinerada de Brasil.

La filosofía detrás de las más de 220 clínicas en todo Brasil, que tratan a las personas como Penha y a miles de mujeres es simple: La belleza es un derecho y los pobres merecen ser encantadores también .

La clínica de la Sociedad Brasileña de Medicina Estética ha realizado procedimientos gratuitos en más de 14,000 pacientes desde su fundación en 1997, expuso el doctor Nelson Rosas, director de la sucursal de Río.

Los médicos argumentan que la buena apariencia va más allá de la piel y al tratar lo que los pacientes ven como defectos físicos, los médicos a menudo también curan sus psiques.

¿Qué es una arruga? Algo menor, ¿no? , preguntó Rosas. Pero cuando tratamos esa arruga, esa pequeña cosa sin importancia, en realidad estamos tratando algo muy importante: la autoestima del paciente , afirmó.