El partido republicano no se está enfrentando a un debate sobre política, sino más bien, a una adquisición hostil por una fuerza perniciosa.

Los republicanos tradicionales ahora se presentan con una serie de opciones con graves defectos. Servir a los ideales del partido puede requerir salirse de él, al menos por un tiempo.

Donald Trump está ganando la nominación republicana, pero no se la está llevando de calle.

En los estados que han votado hasta el momento, ha conseguido 34% de los votos y está apenas en camino de obtener los 1,237 delegados necesarios para ganar directamente en la convención de Cleveland en julio próximo.

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En circunstancias normales, una pluralidad clara comenzaría a reunir una mayoría, mientras que los elementos del partido republicano internamente se reconcilian con el candidato probable.

Éstas no son circunstancias normales. Un grupo importante de republicanos mira a #NeverTrump en Twitter no puede apoyar a Trump.

Esto no es, como en 1964 o 1980, un choque de ideología. Se trata de una objeción moral por el regreso del nativismo, los prejuicios religiosos y la misoginia al centro del escenario de la política estadounidense.

Pero, ¿los republicanos antiTrump aquellos que quieren que su candidato suene más como Abraham Lincoln y menos como George Wallace o Marine Le Pen qué pueden hacer?

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Opción 1: Apoyar al segundo candidato, con la esperanza de vencer la pluralidad de Trump con más votos y más delegados.

Estamos en una posición dijo el senador Lindsey Graham donde tenemos que reunirnos alrededor de Ted Cruz como la única manera de detener a Donald Trump .

Marco Rubio, en este conflicto, simplemente no ha podido cumplir las expectativas hasta el momento. Al menos Cruz sí es un republicano legítimo.

Pero cualquier persona preocupada por el nativismo de Trump será muy difícil que apoye a Cruz, que ha criticado a éste por ser demasiado blando en cuanto al tema de la inmigración ilegal. Ted Cruz sería un candidato débil contra Hillary Clinton. Su conservadurismo no es del gusto de todos.

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Como un republicano de Carolina del Sur me dijo, parece estar cubierto de una gruesa capa de repelente de gente .

Opción 2: Aunque la pluralidad de Trump no puede ser golpeada por un solo candidato, puede negársele una mayoría de delegados en la convención y ahí se le detiene.

En el Supermartes, después de todo, Trump perdió cuatro estados y tuvo un rendimiento significativamente inferior a su sondeo preelectoral en Virginia, Oklahoma y Texas. El terreno electoral se pone menos favorable para Trump de aquí en adelante.

El problema inmediato es que Trump puede ganar en Ohio o Florida (en ambos estados va a la cabeza de los sondeos) el 15 de marzo, lo que probablemente condenaría esta estrategia.

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Si Trump entra en la convención con una pluralidad fuerte, pero se le niega la nominación, es fácil imaginar una convención republicana con toda la unidad y el decoro de la tumultuosa convención demócrata de 1968.

Opción 3: Apoyar a un candidato de centro-derecha fuera del partido republicano, que represente un republicanismo de derechos civiles y mantenga pulsado el mensaje central del partido con la confianza de días mejores.

Este enfoque dependería de encontrar un candidato fuerte que esté dispuesto a participar en un importante pero perdido esfuerzo (dada la historia de esos esfuerzos).

La candidatura de Mitt Romney golpearía demasiado a un establishment sediento de venganza. Por el contrario, Mitch Daniels, ex gobernador de Indiana, podría llevar un mensaje atractivo, disciplinado y conservador. La ex secretaria de Estado, Condoleezza Rice, significaría todo lo que Trump no hace: gravedad, dignidad, carácter y un propósito moral serio.

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Pero ¿por qué alguien tan serio tomaría un papel tan ingrato y difícil? Sería un acto heroico de sacrificio por el bien del partido y del país.

Además, este candidato probablemente no tendría ningún futuro político, ya que él o ella podrían inclinar hacia una elección cerrada contra Clinton (que, de hecho, sería parte de la motivación).

Opción 4: Esencialmente no participar en la elección, esperar que Trump pierda (él está considerablemente detrás de Clinton en la mayoría de las encuestas nacionales) y participar en la reconstrucción del Partido Republicano.

¿Cuál es el problema aquí? Hillary Clinton es, en realidad, una pésima candidata que participa en una investigación en curso del FBI sobre el manejo de material clasificado.

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Una carrera entre Hillary Clinton y Donald Trump plantea una pequeño pero significativo prospecto de presidencia para Trump, lo que podría provocar daños graves y duraderos a la democracia estadounidense y su posición en el mundo.

De hecho, no hay ninguna opción clara o moralmente satisfactoria para los republicanos. La segunda opción es la opción obvia para las próximas dos semanas. Si se trata de ella, una batalla en la convención será digna de tenerse para salvar el partido.

Pero si Ohio o Florida caen ante Trump, los republicanos antiTrump serán más propensos a votar por Clinton o apoyar a un candidato de un tercer partido.

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Michael Gerson es columnista para The Washington Post