A través del parabrisas del helicóptero, se aparece como un espejismo en el brumoso horizonte: una ciudad en medio del Golfo de México.

Una ciudad en llamas

Hace unos meses, el sitio del desastre, a 65 kilómetros del último pantano en la desembocadura del Río Mississippi, era una solitaria plataforma llamada Deepwater Horizon. Hoy, la plataforma yace al revés en el fondo del mar y en su lugar quedó un galopante complejo industrial, una operación de emergencia como nunca antes había visto la industria petrolera en su historia.

Más de 60 embarcaciones tratan de capturar el crudo, quemarlo, dispersarlo, lo que sea, mientras dos gigantescas plataformas perforan pozos de alivio y todo mundo mantiene los ojos en los reportes del tiempo, en una frenética carrera por tapar el derrame de hidrocarburos antes de que algún huracán obligue a todo mundo a dispersarse.

Este mundo acuático es caluroso, ruidoso y peligroso. Dos señales luminosas constituyen los hipnóticos puntos focales para la flotilla. Un punto es el barco perforador Discoverer Enterprise, posicionado justo arriba del sitio de la explosión, que captura petróleo del pozo y al mismo tiempo flamea gas.

Una de las señales, que parece una gigantesca sombrilla colocada de lado, quema petróleo y gas al mismo tiempo. Si el clima se torna violento, todo esto tendrá que desmantelarse.

Los meteorólogos dicen que será una temporada de tormentas muy ajetreada. Esta ciudad improvisada no está hecha para resistir un ciclón de primer nivel. El Enterprise necesita cinco días de aviso antes de la llegada de vientos fuertes para desengancharse del pozo que BP bautizó Macondo, el pueblo ficticio de Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez.

De ocurrir una tormenta en la zona, los barcos y todos los componentes de esta ciudad flotante tendrán que levar anclas, dejando que el pozo siga escupiendo crudo libremente hasta que regresen.

Entre las embarcaciones que tendrían que retirarse en caso de tormenta se encuentran dos enormes estructuras que están perforando pozos de alivio, que son cruciales para matar al Macondo. Development Driller III fue el primero en iniciar operaciones, ya ha perforado a más de 2,850 metros por debajo del suelo marino, acercándose cada vez más al Macondo, de cuyo forro de acero ya percibe señales magnéticas.

Ansiedad que duele

La segunda estructura, Development Driller II de la empresa Transocean, empezó después y no ha llegado a tal profundidad. Fue a bordo de esta estructura flotante que Mitchell Bullock, ingeniero en jefe del sitio para BP, comentó: Queremos concluir este trabajo con una ansiedad tal, que duele.

Pero en realidad, sólo puede avanzarse a cierto ritmo , dice. Al igual que el Deepwater Horizon, esta estructura está arrendada por BP, pero la mayoría de los empleados trabajan para Transocean.

Otro de los ingenieros, Jeremy Marts, dice que lamentablemente, es un proceso que lleva tiempo. No es posible hacerlo en unos cuantos días.

Estamos perforando un pozo en el fondo del mar y no podemos apresurarlo.

Ése es nuestro enfoque. Por mi parte, me despierto todas las mañanas y mi primera prioridad es cerciorarme que todos mis compañeros del siguiente turno de 12 horas puedan trabajar con seguridad .

Ya de regreso, al atardecer, el helicóptero se levanta y permite apreciar todas las tonalidades del derrame. La mancha es caprichosa. A veces forma franjas de plata y verde, otras cruzan la superficie del Golfo con tonos amarillo y naranja. Desde ciertos ángulos, la mancha no es visible, pero desde otros se aprecia la tragedia: llega hasta el horizonte sin fin.