Santiago de Chile. Miles de personas se manifestaron en la céntrica plaza Italia de Santiago y las protestas se mantuvieron en varios puntos de Chile, tras un estallido social que dejó 11 muertos y cientos de heridos desde la semana pasada, lo que obligó a decretar toque de queda por tercer día consecutivo.

A estas alturas nadie duda de que existe un malestar en la sociedad que trasciende el pasaje del metro. No sólo desde la oposición, sino desde el oficialismo, lo reconocen. Como han explicado los investigadores sociales, desde hace años se advierte el profundo desasosiego.

¿Es el mismo desasosiego que comenzó a expresarse en el 2006, con los pingüinos (protestas de estudiantes a favor del derecho a la educación gratuita y en contra de su privatización), que terminó de reventar en el 2011? En este punto existe menos consenso. ¿Las protestas buscan un cambio en el modelo económico? Tampoco existe una única respuesta.

Parece tratarse de un grito contra la desigualdad o, al menos, de un reclamo de la clase media que gana sueldos de 550,000 pesos chilenos mensuales (14,487 pesos mexicanos).

Aunque poco científicas, claro, circulan por estos días por las redes sociales un sinnúmero de panfletos que dan ciertas luces sobre lo que se reclama: “Pensiones indignas, salud precaria, sueldos miserables, educación de mala calidad, licencias médicas por depresión, deuda universitaria vitalicia, sueldos de la élite política, delincuencia sin control y empleos precarios”.

¿Pudo haber ocurrido en un gobierno de distinto signo? Probablemente. Existe cierto acuerdo en que se trata de una especie de olla a presión y que lo del pasaje del metro fue la mecha que terminó por explotar, la excusa.

De hecho, el descontento se comenzó a mostrar en el gobierno de Bachelet en el 2006 con la revolución de los pingüinos y, luego, con el Transantiago (corrupción en la red de Metrobús).

Levantarse temprano

No ayudó lo de las contribuciones del presidente Piñera en su casa de Caburgua (habita una casa con irregularidades marcadas por el municipio). Tampoco las frases desafortunadas del ministro de Hacienda y de Economía a propósito de la levantada temprano (“El que madrugue será ayudado, de manera que alguien que sale más temprano y toma el metro a las 7 de la mañana tiene la posibilidad de una tarifa más baja que la de hoy.

Ahí se ha abierto un espacio para que quien madrugue pueda ser ayudado con una tarifa más baja”).

Dejaron en evidencia la poca sintonía con los ciudadanos.