Un estudio privado de big data, recopilado por Bank Magazine, tabuló 13,000 horas de conversaciones públicas ocurridas en Argentina mientras operaban los mercados y concluyó que en 65.2% prima la neutralidad de opinión respecto de la medida oficial de pedir la asistencia financiera del Fondo Monetario Internacional (FMI), 26.5% se pronuncia abiertamente en contra y sólo 8.4% lo hace abiertamente a favor.

Como vemos, el escenario en este apartado rincón del planeta tiene variados condimentos. Desde una mayoría que no planta bandera de opinión —al menos públicamente— respecto de decisiones gubernamentales clave, hasta un imaginario popular que sostiene que la responsabilidad de nuestras máximas penas están originadas en dos números de la avenida Pennsylvania, en Washington: en el 1,600, donde queda la Casa Blanca, y en el 1,900, sede del FMI.

En este contexto, la procesadora de datos Social Now revela en una compilación que los autores más mencionados en las redes sociales entre las 11 y las 4 de la tarde de este martes 7 de mayo fueron @mauriciomacri, @wadodecorrido, @nicodujovne y @elisacarrio. También indica que se impusieron tres hashtags positivos para el gobierno en primera instancia: #fmi (1º), #blindaje (2º) y #hablamacri (6º); para luego posicionarse: #noalfmi (10º), #novolvamosalfondo (16º), #contalacomoquieras (20º), #retroceso (22º), #recolonización (25º). El listado de palabras relevantes en orden de cantidad de repeticiones es la siguiente: cambio, jubilaciones, crisis, miedo, apoyo, el fmi, fracaso, Macri, endeudamiento, pelotudos, saqueo, volver, Lebacs, chorros, pánico, necesitamos, más deuda, quieren, decidido, más pobreza.

La rueda funciona así: Estados Unidos sube las tasas de interés para combatir su creciente inflación y, tras cartón, los capitales que llegaron a los países fronterizos (como Argentina) y emergentes (como Brasil, México y Rusia) en busca de mayores rendimientos “levantan campamento” parcial o totalmente, desarmando carteras, en busca de mayor seguridad en títulos del tesoro estadounidense. Mientras, el dólar se valoriza en el mundo y se vuelve escaso en las economías más periféricas.