California rechazó el plan del gobierno de Donald Trump sobre el envío de la Guardia Nacional a la frontera con México y se niega a participar en los esfuerzos de la administración federal para aumentar la seguridad fronteriza con militares.

Las tropas en California están bajo el mando del gobernador demócrata Jerry Brown, quien la semana pasada dijo que enviaría hasta 400 miembros a la frontera para un papel limitado.

Lo limitado se volvió más claro después de que la Guardia Nacional de California dijo a las autoridades federales que el estado no permitiría a los solados ocuparse de aplicar las leyes de inmigración.

El estado le informó que no tendrán permiso de reparar vehículos, manejar cámaras de vigilancia o reportar actividades sospechosas a la patrulla fronteriza. Añadieron que tampoco podrá operar radios, o servir de respaldo a las unidades en sus puestos, en tareas como organización administrativa, compra de gasolina o elaboración de nómina salarial.

“No realizarán esas misiones”, dijo en una sesión informativa Robert Salesses, subsecretario adjunto del Departamento de Defensa y reiteró que “continuamos el diálogo, la discusión con la Guardia Nacional de California”.

Los cuatro estados que colindan con México han aceptado que haya más militares en la frontera. Texas, Nuevo México y Arizona ya están enviando a sus fronteras unos 1,600 agentes , según anunciaron sus gobernadores. Actualmente, 900 soldados ya están desplegados en estas zonas. Texas, cuadruplicó la cifra inicialmente anunciada y mandará cada semana 300 guardias nacionales hasta un cifra mínima de 1,000.