Londres. A lo largo de la historia de Gran Bretaña, se ha demostrado que contar cuentos falsos a la reina resulta ser una mala jugada. Quienes lo han hecho han perdido la confianza de la monarquía, y en ocasiones su puesto.

El primer ministro Boris Johnson negó haber mentido a la reina sobre sus motivos para suspender el Parlamento, y dijo confiar en alcanzar un acuerdo sobre el Brexit con Bruselas, un optimismo que no comparten los negociadores europeos.

“¡Absolutamente no!”, fue la tajante respuesta de Johnson.

La víspera, una corte escocesa estimó que el consejo dado a la soberana condujo a una suspensión ilegal. Sin embargo, una corte inglesa dictó lo contrario la semana pasada. Ambas decisiones deben ser examinadas el próximo martes por la Corte Suprema.

Fueron los jueces escoceses  quienes pusieron en duda la ética del primer ministro, pues dictaminaron que el gobierno de Johnson había estado engañando incluso a la monarca sobre su verdadera motivación para el alto del Parlamento por cinco semanas.

Johnson dijo que suspendió las actividades del parlamento para poder elaborar una nueva agenda legislativa del Partido Conservador, llena de nuevas y audaces propuestas, como aumentar el número de policías y financiar la atención de los enfermos y ancianos.

Muchos legisladores aseguran que esas no son las intenciones del primer ministro.

¿Mintió a la reina? Es la pregunta que los británicos formulan.