Los ataques del 11 de septiembre del 2001 ocupan un lugar destacado en la imagen de Robert Bales, el sargento del Ejército estadounidense que presuntamente masacró a 16 civiles al sur de Afganistán. De acuerdo con sus amigos y abogado, Bales, como muchos otros, se enlistó por un sentido de responsabilidad cívica.

Pero la decisión de Bales de unirse al Ejército también llegó en un momento crucial en su vida premilitar, al parecer su carrera como corredor de Bolsa terminó meses después de haber sido acusado de participar en un fraude financiero mientras manejaba la cuenta del retiro de un cliente de edad avanzada en Ohio, de acuerdo con los registros financieros.

Un conciliador ordenó a Bales y al dueño de la empresa que lo empleó pagar 1.4 millones de dólares, cerca de la mitad de ese monto sería otorgada por concepto de compensación y la otra mitad en daños y perjuicios, por participar en un fraude y comercio no autorizado , de acuerdo con un fallo de la Autoridad Regulatoria Industrial y Financiera, la instancia disciplinaria independiente para corredores y casas de Bolsa.

Pero el hallazgo del fraude financiero se suma a un panorama cada vez más complejo de un hombre que, por una parte, es descrito por amigos y vecinos como un hombre de familia y un soldado templado y, por otro lado, ha tenido varios encuentros con la ley, incluidos un arresto bajo sospecha de conducir ebrio, la participación en un accidente vehicular y un cargo de delito menor por asalto.