Bagdad. Ayer, una serie de atentados coordinados y dirigidos a las fuerzas de seguridad destrozaron barrios chiitas iraquíes y mataron a por lo menos 26 personas, en ataques que un funcionario describió como una convocatoria de Al-Qaeda a tan sólo unos días de que decenas de militantes escaparan de la cárcel.

Las explosiones llevaron la cuenta de casualidades provocadas por la violencia sectaria a casi 200 personas, una cifra siniestra y por encima de la media mensual desde que las tropas estadounidenses abandonaron el país el año pasado. El ritmo constante de ataques ha trabajado para debilitar la confianza en el gobierno.

La policía manifestó que la ola de explosiones, la cual hirió al menos a 94 personas, se extendió desde la conflictiva, pero rica en petróleo, ciudad de Kirkuk, en el norte hasta el sur en la ciudad chiita de Kut. Nadie se atribuyó de inmediato la responsabilidad por los ataques, pero los atentados tuvieron el sello distintivo de Al-Qaeda en Irak, la insurgencia suní que ha luchado durante años para llevar a las milicias chiitas de nuevo hacia la guerra civil.

Un legislador chiita afirmó que los atentados probablemente buscaban animar a Al-Qaeda a raíz de una fuga de prisioneros el viernes en la ciudad natal de Saddam Hussein, Tikrit. Decenas de presos escaparon, incluidos 47 militantes de Al-Qaeda.

El ataque más mortífero de ayer azotó la ciudad de Taji, un antiguo bastión de Al-Qaeda al norte de Bagdad. La policía anunció que tres coches con explosivos ocultos explotaron en un barrio chiíta uno tras otro, matando a ocho personas e hiriendo a otras 28.

Casi al mismo tiempo, en Bagdad, la policía indicó que un atacante suicida detonó su vehículo cargado de explosivos en el barrio chiita de Shula. Una persona murió y siete más resultaron heridas. La policía no pudo identificar el objetivo.